Por Lourdes Encinas Moreno
Por Lourdes Encinas
Llegué al mundo en la oscuridad. No hubo luz de hospital, ni manos enguantadas recibiéndome, tampoco un padre grabando el parto. Llegué en silencio, o tal vez grité y nadie me escuchó. No lo sé. Lo que sí sé es que el mundo me recibió con la frialdad del metal y el hedor de un contenedor de basura.
No tuve nombre. No tuve tiempo de tenerlo. Pero tuve frío, mucho frío, y silencio… esa sensación debe ser lo más parecido a estar completamente solo en el universo.
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