Por María del Carmen Alanis

Cada 8 de marzo, el Día Internacional de las Mujeres invita a reflexionar sobre los avances alcanzados y, sobre todo, sobre los desafíos que aún persisten para lograr la igualdad sustantiva. Este año, la comunidad internacional ha puesto el acento en una de las brechas más profundas y persistentes: el acceso a la justicia.

Durante décadas, la agenda global de igualdad se concentró en el reconocimiento formal de derechos. El derecho al voto, el derecho a ser electas, el principio de paridad, el reconocimiento de la igualdad ante la ley. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que el reconocimiento de derechos no es suficiente. El verdadero indicador de una democracia incluyente es la capacidad de las personas, y particularmente de las mujeres, de acudir a las instituciones cuando esos derechos son vulnerados y obtener una respuesta efectiva.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.