Por María Alatriste
Hay una pregunta que sobrevuela muchas conversaciones cotidianas: ¿El mundo va a mejor o a peor? La respuesta rápida suele ser pesimista. Guerras, desigualdad, crisis climática, polarización política. Basta con abrir las noticias para sentir que todo se descompone. Sin embargo, cuando uno se detiene a mirar los datos a largo plazo la respuesta deja de ser tan simple.
Hace poco leí una recopilación de buenas noticias elaborada por Kiko Llaneras. No era un texto ingenuo ni negacionista del dolor; al contrario, partía de una constatación incómoda: a pesar de todo lo que sigue fallando, en muchos aspectos fundamentales el mundo ha mejorado. Vivimos más años, mueren menos niños, la pobreza extrema ha disminuido, la ciencia avanza, las energías limpias crecen y la salud pública evita sufrimientos que antes eran inevitables.
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