Por María Alatriste
El domingo estaba en Teotihuacán con mi hijo: pleno, seguro, feliz. Subíamos junto a su padre la Pirámide de la Luna con esa sensación tan rara (y tan valiosa) de ligereza.
Lo ocurrido en Teotihuacán no sólo ha exhibido la fragilidad de nuestra seguridad, sino también la de nuestra conversación pública: con demasiada rapidez, lo importante puede quedar sepultado bajo el ruido.
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