Por Fátima Masse
Imagina esta escena. Un día llegas a la sala de descanso y ves a varias personas riendo, pegadas al celular. Te acercas y, de repente, el silencio. No sabes de qué reían, pero algo te dice que no era nada bueno.
Minutos después descubres que alguien hizo un sticker con una foto tuya haciendo una cara espantosa y lo compartió por el chat de la oficina. Te da pena. Sabes quién fue y quieres llorar, porque no es la primera vez que te molestan así.
Lo que no sabes es qué hacer.
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