Por Mariana Conde*
“La sala de un cine es el lugar que yo elegiría para esperar el fin del mundo”, escribió Adolfo Bioy Casares. La frase parece condensar no solo una pasión cinéfila, sino una intuición profunda sobre el poder de las imágenes: su capacidad para suspender el tiempo, construir realidades alternas y, acaso, sustituir la vida misma.
Mucho antes de que habláramos de inteligencia artificial, avatares digitales o identidades virtuales, dos obras fundamentales del siglo XX latinoamericano ya exploraban algunas de las preguntas más inquietantes de nuestro presente: el libro La invención de Morel, de Bioy Casares, y el filme El ángel exterminador, de Luis Buñuel.
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