Por Rocío Correa

El mundo tiene los ojos puestos en México. No por las razones que deberían importar.

En unos meses, junto con Canadá y Estados Unidos, México será sede del Mundial de fútbol 2026. Los focos, las cámaras, los millones de aficionados — todo apuntará hacia allá. Y mientras el mundo celebra, yo, mexicana de nacimiento, periodista de oficio, residente en Italia desde hace más de veinte años, me pregunto lo mismo de siempre: ¿qué es lo que esos reflectores no van a iluminar?

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.