Fui asesora externa en comunicación de riesgo de la OMS durante más de diez años. Desarrollé los componentes internacionales del Plan Nacional de Preparación para la pandemia de Influenza en México. Y entre 2020 y 2022, creé y dirigí el Hospital Virtual para pacientes COVID-19 del Centro Médico ABC, gestionando a más de 9,500 pacientes con una tasa de mortalidad menor al 0.5%. Esta es la historia de cómo llegué hasta aquí.
Mi formación en medicina y salud pública
En 1998 decidí enfocarme en estudiar medicina general. Entré con ganas de ser neurocirujana, luego internista y al estudiar embriología y obstetricia pensé en dedicarme a embarazo de alto riesgo. Las experiencias que tuve durante los años de prácticas me hicieron desistir de los hospitales y de seguir el camino del médico especialista. Durante el año de servicio social me di cuenta que en los consultorios no se construye ni se recupera la salud. Terminé por estudiar una maestría en Salud Pública y Promoción de la Salud en Países en Desarrollo. Me fui pensando en jamás trabajar para el gobierno, porque ya en esa época me parecía bastante inútil. Pero al convivir con mis compañeritos de posgrado, tuve que aceptar que sí o sí, el gobierno es una parte ineludible en la ecuación de mejorar las condiciones de salud de la población. Al finalizar mis estudios entré a trabajar en la Dirección General de Promoción de la Salud (DGPS), de la Secretaría de Salud Federal.
Cuando escuché sobre la preparación para una pandemia mi primera reacción fue obvio lo que quieren es vender oseltamivir y sí. Pero también había suficiente evidencia histórica para pensar que la gesta de una pandemia grande era inminente y para que me apasionara en pensar en distintos escenarios y crear protocolos para ellos. Entre 2006 y 2008 formé parte del equipo de trabajo dentro de la DGPS que se abocó a crear protocolos, estrategias y materiales al respecto.
Estrategia y preparación para la pandemia de influenza H1N1
Dentro del Plan Nacional de Preparación y Respuesta Ante una Pandemia de Influenza desarrollé el Componente Internacional y el de Comunicación y Promoción de la Salud. Estuve encargada de la estrategia digital para poner a la disposición de la población hispanoparlante la información y documentación para la preparación, respuesta y recuperación ante una pandemia de influenza. Formé parte de varios grupos de trabajo dentro del Plan Nacional de Preparación y Respuesta Ante una Pandemia de Influenza, como el de reserva estratégica (almacenamiento y distribución de medicamentos), respuesta hospitalaria (modificación de hospitales para la atención de pacientes pandémicos), así como el de comunicación y promoción de la salud.
Creé el concepto de Promi Dulas, un personaje que era la directriz comunicativa de toda la estrategia de preparación, respuesta y recuperación ante una pandemia.
En esa época México tenía una sólida presencia internacional por lo que el G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido más la Unión Europea) invitó a México a participar junto con ellos en los preparativos para hacerle frente a una pandemia. El G7+México formó la Iniciativa Global de Seguridad en Salud: GHSI (Global Health Security Initiative) y ahí había distintos grupos de trabajo. Yo fui fundadora del Grupo de Trabajo de Comunicación cuyo objetivo era responder de manera coordinada ante cualquier situación que amenace la seguridad económica y sanitaria a nivel mundial.
Desde 2007 me convertí en Asesora Externa en Comunicación (de riesgo, en crisis y en salud) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dejándolo en 2018. Sí, un año antes de que comenzara la pandemia por COVID-19. Algo muy interesante que hacíamos era preparar a los tomadores de decisiones para que respondieran ante crisis sanitarias.
Escribí una Guía para Empresas para que sepan cómo prepararse, responder y recuperarse ante cualquier situación que interrumpa su cadena de producción.
Los retos políticos en la salud pública mundial
A finales de 2007 dejé de trabajar en la DGPS porque el gobierno estaba siendo gobierno y yo, al representar al país en foros internacionales, no tenía el peso necesario para que, al regresar a México, me sentara con quienes debían de tomar decisiones en el país. En mis hombros reposaba una responsabilidad que no tenía forma de cumplir y decidí renunciar. En ese mismo año (2007) se inició el Plan de América del Norte para la Influenza Animal y Pandémica (NAPAPI), un mecanismo de cooperación entre México, EE. UU. y Canadá que buscaba un flujo de información constante entre los tres países. Fue firmado bajo el TLCAN, en la Cumbre de Líderes de América del Norte. Yo formaba parte del comité de asesoría técnica en lo que a Comunicación y Promoción de la Salud se refería.
NAPAPI
En el acuerdo firmado había varias tareas que México no estaba cumpliendo, por lo que en 2008 la Agencia de Salud Pública de Canadá me contrata como Coordinadora de Comunicación entre México — Estados Unidos — Canadá. Durante todo 2008 me aboqué a poner a México en la mesa y que pudiera haber puentes de cooperación con México. Lo logré en el último trimestre del año. Desde que la OMS solicitó a los países miembro prepararse, en 2005, las estimaciones del origen de la pandemia siempre recayeron en China, por eso eligieron a Margaret Chan (2006-2017) como Directora General de la OMS, para que hiciera un puente de entendimiento entre China y la OMS. Sin embargo, una parte de los involucrados en esta preparación siempre pensamos que la emergencia internacional con la que nos enfrentaríamos surgiría en América del Norte. Por esto era tan importante sostener a México en este Plan de América del Norte para la Influenza Animal y Pandémica.
Participé como consultora y editora de la nueva edición de la guía de comunicación para brotes de la OMS: World Health Organization Outbreak Communication Planning Guide – 2008 edition: ISBN 978 92 4 159744 9.
La pandemia H1N1 de América del Norte para el mundo
En 2009, muchas cosas cambiaron política y económicamente en América del Norte y decidí dejar de participar en cualquier cosa que tuviera que ver con la pandemia. Tres años de estar empujando un país fue agotador. Consideré que era el mejor momento de retomar mis estudios de literatura y estaba yo pensando en hacer un Doctorado en Letras Modernas cuando empezó a haber noticias raras. Casos en California (EUA), en Texas (EUA), en Oaxaca y pensé: chín, la pandemia sí va a ser en América del Norte.
En abril del 2009 me mandan llamar de Presidencia porque “yo sabía de eso desde el año pasado”. Y puse en marcha el principal objetivo del NAPAPI, la cooperación entre México, EUA y Canadá. Estuve como Directora de Planeación y Estrategia en Materia de Salud, dentro de la Coordinación de Gabinetes de la Presidencia de la República apoyando en la comunicación, respuesta nacional, plataforma digital y coordinación internacional ante la emergencia sanitaria de H1N1.
Preparación y lecciones aprendidas
En estos años di varias conferencias y facilité diversos talleres.
- 2006 (OPS, Washington D.C.): “Declaración de casos sospechosos de influenza pandémica.”
- 2007 (GHSI París / Montreal / México): “Mensajes coordinados para una buena comunicación global”, “Análisis de estrategias para la llamada a la acción” y “El uso de herramientas de redes sociales para la prevención de enfermedades”.
- 2007 (OMS, El Cairo): “Movilización social en situaciones de riesgo sanitario”.
- 2008 (NAPAPI, Washington DC): “La importancia de la coordinación entre los servicios de salud humana y animal”.
- 2009 (OMS, Lyon): “Análisis del vocero como tomador de decisiones durante el brote de influenza en México”.
- 2010 (Universidad de Hong Kong): “Coping with the Pandemic: the experience from ground zero – First announcement analysis”.
COVID-19
Me dediqué a otras cosas y en 2019 la pandemia por SARS CoV2 (COVID-19) me jaló a participar en ella. En diciembre de 2019 empecé a trabajar en el Centro Médico ABC, sin mucho entusiasmo porque el ambiente hospitalario es sumamente violento: les rige el sistema de “yo soy tu superior, yo tengo la razón” más que en tomar decisiones con evidencia científica. A las pocas semanas, a finales de diciembre, entendí que estaba ahí porque venía —ahora sí— la pandemia, de origen Chino, para la cual nos teníamos que haber preparado.
A principios de 2020 ayudé a convertir el campus de Santa Fe en un hospital para recibir pacientes sospechosos de COVID sin que paralizara las demás actividades hospitalarias. Atender a pacientes con infecciones de vías respiratorias en una área completamente aislada (Clínica Amistad) del resto del edifico le permitió al campus Santa Fe continuar dando servicio a otras emergencias, hospitalizaciones varias y cirugías electivas, con un riesgo muy bajo de contagio. Se hicieron modificaciones importantes en la Clínica Amistad para que, en caso de que se complicaran los pacientes, pudieran sacarlos adelante como en cualquier unidad de emergencia. Yo había estado analizando los videos de pacientes chinos y estaba convencida que este coronavirus atacaba al sistema neurológico. Para mí no es un virus que provoca una simple infección respiratoria, hace estragos en el sistema nervioso y además provoca neumonías atípicas. Otra cosa que observé es que los pacientes se descompensaban de un momento a otro. Con esto en mente es que se acondicionó Clínica Amistad para atender en tiempo y forma a pacientes que llegaran caminando por sí solos y en segundos convertirse en un paciente crítico.
Entre marzo y abril 2020 hubo mucho caos en cuestión de laboratorio, el Centro Médico ABC fue la primera institución sanitaria privada en hacer pruebas diagnósticas. Estuve hablando con un gran número de pacientes que se hicieron la prueba (y sus contactos). Me di cuenta que se necesitaba hacer un seguimiento. En abril 2020 puse en marcha un call center, que tenía como propósito orientar a quienes se sentían mal y valorar si acudían o no a urgencias. La primera semana en funcionamiento nos encontramos con varios pacientes que habían muerto después de ser evaluados en campus Observatorio.
Modifiqué mi enfoque y le puse esteroides a ese call center hasta convertirlo en un Hospital Virtual para Pacientes COVID en Casa.
Hospital Virtual para pacientes COVID-19 en Casa
La principal fuente de pacientes era el propio Centro Médico ABC, sus pacientes privados, los que acordaron atender del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, los pacientes vinculados a las asociaciones civiles y fundaciones que atiende. Este sistema de atención se conocía como Sherpa.
En los momentos más álgidos del 2020 tuvimos hospitalizados virtualmente a casi 450 pacientes simultáneos, para los cuales yo coordinaba un equipo de casi 80 médicos, quienes les daban seguimiento a distancia (telemedicina). En 2021 el Consejo Mexicano de Negocios (CMN) se une al esfuerzo y apoya para crear un sistema que pudiera atender pacientes fuera del círculo del Centro Médico ABC. Fui la vocera de esta iniciativa del CMN: Clínica en el Hogar.
¿Se acuerdan de “yo soy tu superior, yo tengo la razón”? Pues bien, eso hizo que me despidieran a finales de julio de 2021.
Entre 2020 y 2022, fui responsable de +9,500 pacientes COVID19, más sus contactos. Tuvimos una tasa de mortalidad <0.5%. Coordiné en total a +140 médicos, quienes dieron +70,000 consultas, equivalentes a +180,000 minutos, +340 entregas de guardia, que significaron +510 hrs, además de invertir +810 hrs en decisiones colegiadas. Esto permitió hacer una transformación digital absoluta en salud, desde el propio acto médico, hasta la administración y colaboración interinstitucional. Lograrlo significó dormir muy muy, pero muy poco en esos años.
Este Hospital Virtual fue auditado por Deloitte, analizado por Cheryl Heller dentro de una clase de la Universidad CENTRO y recibí el Merit Award for her outstanding contribution in forwarding our humanitarian purpose during the year of 2020, por parte de la American Society México.
¿Cómo funciona un virus y el riesgo de una pandemia?
He seguido de cerca al virus del VIH, al de la influenza H5N1, al que fue nuevo virus H1N1, al SARS del 2002 y luego al SARS-CoV-2, el del COVID-19; a los brotes de ébola, de monkeypox y ahora de hantavirus.
Los virus son apasionantes, un simple código genético que —como zombie— no está ni vivo ni muerto, pero que una vez que entra a una célula se convierte en un dictador que, en su tiranía, obliga a la célula a trabajar para él. Los virus no tienen llenadera y siempre buscan aprender. Por estas feroces ganas de mejorar es que abro este espacio, para que, junto con los virus, entendamos cómo adquieren eficiencia y eficacia, disminuyendo o aumentando el riesgo de una pandemia.
Pásenle a lo barrido, que les voy a explicar qué está sucediendo en la salud pública mundial.
Acerca de la autora
Marilú Acosta es una autoridad médica (Médica Cirujana) y experta en salud pública (MPH) con especialización en Comunicación de Riesgo y Crisis Sanitaria y Cambio de Comportamiento. Con una trayectoria de 20 años, se posiciona como el vínculo técnico entre la política de salud internacional (OMS, G7, NAPAPI) y la implementación clínica de alta escala (Hospital Virtual COVID-19). Es la referencia principal para el análisis del Hantavirus, Norovirus, Ébola y otras emergencias sanitarias, combinando rigor científico con estrategia de comunicación masiva.
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