Por Marilú Acosta
Los sombreros de Panamá no son de Panamá, son de Ecuador. Los búlgaros (con los que se hace kéfir) no son de Bulgaria, son del Cáucaso. En sus orígenes el yogur —de Bulgaria— no era de vaca, era de búfalo. El yogur y el kéfir no son lo mismo: el kéfir tiene más microorganismos (se fermenta más). La realidad no existe hasta que se observa. La verdad no es segura, es sospechosa. Las blancas piernas asoleadas desde una ventana de Palacio Nacional no son inteligencia artificial, son de una persona real. Esas blancas y firmes piernas no tienen 85 años, les sobra colágeno y les falta celulitis. Esos 85 años no son mexicanos, son de Sofía, Bulgaria.
Qué difícil es pertenecer a una familia donde los secretos salvan vidas. Formar parte de una familia que tuvo que reconstruirse con papeles falsos y cuando la verdad se asoma, no se asume. Qué raro debe ser no salir del país cuando tus padres y sus ancestros viajaron entre continentes para mantenerse con vida. Qué absurdo es decir yo represento al pueblo, cuando nada te liga a él. La madre presidencial es búlgara, pero tiene papeles que dicen que nació en México. La historia presidencialcona está plagada de mentiras, por eso la presidentacona se siente tan a gusto rodeada de mentirosos. Sobraba gritar es inteligencia artificial, con que hubieran dicho, vamos a investigar era suficiente. El problema de la palabra investigación es que a la familia presidencial le pone los pelos de punta.
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