Por Natalia Pérez*
Hay decisiones políticas que tienen consecuencias, y luego están aquellas que se toman sin entender los sistemas que afectan. El cierre parcial del gobierno de Estados Unidos que comenzó en febrero pertenece a esta segunda categoría.
En la superficie, los aeropuertos del país siguen funcionando. Los vuelos despegan. Las pantallas parpadean con actualizaciones. Las filas de seguridad, aunque más largas, avanzan. Para la mayoría de los pasajeros, el sistema parece intacto.
Pero la aviación no falla de golpe.
Se erosiona.
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