Por Natalia Pérez*
Mi abuela, María de Jesús Lozano, vivió en la colonia Ticomán y dedicó su vida a ayudar a los demás. Movía a la gente para construir escuelas y mercados; organizaba las firmas para la construcción de la escuela Rafael Molina Betancourt, a la que asiste su bisnieta, mi sobrina. Promovía la creación de mercados como el López Mateos, mismo que ya no pudo ver y que a la fecha es uno de los puntos de comercialización más importantes de esta colonia.
Durante las lluvias, daba refugio y comida a quienes lo necesitaban. Su casa grande estaba siempre abierta. Todos la conocían como la señora Zárate, el segundo apellido de mi abuelo. Mi abuela era la activista de la colonia, un faro de esperanza y solidaridad.
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