Hay momentos en los que te quedas sin palabras, que la realidad golpea con una violencia que te deja sin aliento. Hoy, en Opinión 51, así nos sentimos tras recibir la noticia de que la periodista veracruzana Roxana Guzmán fue asesinada y sus restos fueron localizados a un mes de su secuestro -un crimen que fue videograbado y se viralizó- a mano de hombres armados.
Pero esta violencia no puede dejarnos mudas, ya no alcanzan los minutos de silencio. Atestiguar la impunidad no es un hecho menor y por ello nos pronunciamos, más allá de un comunicado, alzar la voz al momento, opinar al momento.
Con Roxana Guzmán suman 34 periodistas asesinados en Veracruz desde el año 2000, es una lista que no tendría por qué seguir creciendo.
Ella es la doceava mujer asesinada en el país, la quinta de su estado, según Artículo 19, y hoy más que nunca, la frase de “si tocan a una tocan a todas” toma un sentido urgente para las columnistas y el equipo de Opinión 51 por lo que nuestras plumas se funden en un solo clamor: que la memoria no se diluya en la impunidad porque el periodismo seguirá alzando la voz.
No, ejercer el periodismo en México nunca debería ser una sentencia de muerte e informar no puede costar la vida. Nuestras plumas hoy comparten la indignación, el corazón roto y la voz firme.
Doce voces sobre el asesinato de Roxana Guzmán, la impunidad y el derecho a informar en México.
Ni una periodista asesinada más.
Pamela Cerdeira
Hubo un tiempo en que las cámaras nos protegían, o al menos nos daban una sensación de seguridad. Un delito que se convertía en nota nacional porque había registro en video, nos podía garantizar una pronta actuación de la justicia. Eran eficaces por el miedo al ridículo. Hoy, eso ya no les preocupa. Que Roxana haya sido secuestrada a la vista de todos es una muestra de la impunidad con la que se mueve el crimen. Saben que nada les va a pasar. Que las autoridades la encontraran hasta que los criminales quisieron es también una muestra de su incapacidad. No quieren o están superados y en ambos casos es una tragedia nacional.
Identificar unos restos nunca debería sentirse como cerrar una investigación; debería sentirse como abrir una herida. A Roxana Guzmán no solo le arrebataron la vida: intentaron borrar su existencia, calcinar su cuerpo, convertir la verdad en cenizas. Pero hay algo que el fuego nunca consigue consumir: la memoria. Como gremio, hay una indignación aún más profunda: una periodista fue asesinada por ejercer el oficio que sostiene a cualquier democracia, mientras el Estado volvió a llegar después de la tragedia. Casos como este alimentan la percepción de que amplias regiones del país han quedado sometidas al poder criminal, donde el narcotráfico impone sus reglas por encima de las instituciones. Hoy Veracruz vuelve a recordarnos que el periodismo no sólo documenta el horror; demasiadas veces termina formando parte de él. Y esa es, quizá, la evidencia más dolorosa de un país donde decir la verdad puede costar la vida.
Areli Paz
Hay noticias que no solo se leen o damos, te atraviesan el alma. Sobre todo porque vimos con qué violencia se la llevaron. La confirmación de que los restos son de la periodista Roxana Guzmán es doloroso porque puede ser cualquiera que rete la verdad y al poder. Abrazo profundo para su familia, sus amigos y para quienes creemos que informar nunca debería convertirse en una sentencia de muerte.
Ya no alcanzan las palabras ni los minutos de silencio. Es tiempo de justicia.
Que su memoria no se diluya. Que el periodismo no deje de hacer su trabajo. No dejemos de hacerlo.
Claudia Pérez Atamoros
De Yolanda Ordaz de la Cruz, reportera de Notiver, asesinada en Veracruz en 2011, a Regina Martínez Pérez, corresponsal de Proceso, encontrada muerta en su domicilio el 28 de abril de 2012; de Anabel Flores Salazar, secuestrada en su casa y asesinada en 2016, a María Elena Ferral Hernández, ultimada en 2020; de Yessenia Mollinedo Falconi y Sheila Johana García Olivera, asesinadas en 2022, a Roxana Berenice Guzmán, directora de Pulso Informativo del Sureste, secuestrada el pasado 2 de junio y posteriormente asesinada, nada ha cambiado en Veracruz.
Cambian los gobiernos, los discursos y las promesas. Permanecen la violencia, la impunidad y el silencio.
La miseria política no sólo ensombrece a Veracruz: la ilumina de cuerpo entero.
Frida Mendoza
Roxana, el Estado te falló y hoy nos duele escuchar que fuiste víctima de un asesinato a pesar de la cantidad de pruebas que podrían haber servido para rescatarte. Pero, para empezar, no tenías por qué haber pasado por un secuestro y un asesinato cobarde por trabajar en algo que amabas: informar. Qué impotencia, qué tristeza y qué dolorosa historia la que vive la prensa mexicana.
Ivabelle Arroyo
El asesinato de la periodista Roxana no puede despacharse como un expediente criminal más ni esconderse detrás de comunicados burocráticos. La responsabilidad política es ineludible, aunque la responsabilidad penal deba determinarla una investigación independiente. La permanencia de Rocío Nahle al frente del gobierno de Veracruz resulta insostenible: ese fracaso debe tener consecuencias políticas. La exigencia de su renuncia no prejuzga culpabilidades individuales por el crimen, sino que responde al principio democrático de que los gobernantes deben asumir el costo de los resultados de su administración cuando la violencia alcanza este nivel de gravedad.
Lourdes Encinas
¿Cuántos asesinatos de periodistas más tiene que soportar México para que la protección deje de ser un discurso y se convierta en una política efectiva? ¿Cuántas vidas deben perderse para que la impunidad deje de ser la regla? El asesinato de Roxana Guzmán vuelve a exhibir la incapacidad del Estado para garantizar condiciones mínimas de seguridad a quienes ejercen el periodismo. La participación de policías municipales de Veracruz vuelve a exponer la penetración del crimen organizado en el aparato gubernamental. ¿Cómo se recupera un Estado que ha cedido ese terreno?
Marilu Acosta
“El feminismo de la cuarta transformación”: Roxana y Claudia comparten una estructura genética: el XX y nada más. La casa de una no fue bastión suficiente para sostenerle la vida, el palacio de la otra la pone tan lejos de -todas-, que su privilegio grita a los cuatro vientos: mientras llegue yo, que chinguen a su madre las otras.
Nayeli Roldán
Duele el alma confirmar la noticia. Se enciende la rabia. Su secuestro fue grabado, sus captores fueron agentes del gobierno; ninguna autoridad municipal, estatal o federal, logró encontrarla con vida. ¿No quisieron? ¿No pudieron? Cualquiera de las dos sólo muestra una cosa: el Estado una vez más (nos) falló.
Nelly Segura
Quienes ejercemos el periodismo aprendimos a normalizar lo que nunca debió ser normal: compartir ubicaciones, avisar que llegamos a casa, bajar la voz, medir cada palabra y preguntarnos si una historia vale la pena. Esa no puede ser la rutina de una democracia. A Roxana no la mataron solo por ser periodista; intentaron matar el derecho de una sociedad a saber.
Pía Taracena
Todos vimos con se llevaron a Roxana Guzmán de su casa, todos fuimos testigos del abuso de poder de los que sabemos ahora eran policías, todos atestiguamos la indiferencia institucional y humana del gobierno de Veracruz para evitar el fatal desenlace. Ante hechos como esté no queda más que alzar la voz, la condena constante y la solidaridad con todas las y los periodistas de México. Que en paz descanses, valiente Roxana
El hecho quedó documentado desde el principio. Su madre llegó hasta la instancia más alta de este país: La PresidentA.
La súplica puede ser la de miles de madres.
El desenlace también, lamentablemente, fue el que han vivido miles de familias mexicanas.
Nos resistíamos a perder la esperanza aunque la realidad no nos diera razones para ello.
También contigo llegamos tarde Roxana; también contigo el reclamo no fue suficiente y la indignación se diluyó tras una pelota.
El riesgo es normalizar las situaciones que no deben normalizarse; no nos
acostumbremos a que las voces sean anuladas para que dejen de incomodar.
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