Feb 11

¿Qué tan verde es el césped de nuestro vecino?

Estados Unidos –tan pendiente de cuánto contaminamos– es el país con mayor producción de CO2 de Occidente y un Estado que sigue fondeando proyectos contaminantes dentro de sus propias fronteras

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Bárbara Anderson

No es que quiera defender la no política ambientalista mexicana de hoy, pero es importante saber que Estados Unidos –tan pendiente de cuánto contaminamos– es el país con mayor producción de CO2 de Occidente y un Estado que sigue fondeando proyectos contaminantes dentro de sus propias fronteras. 

Hay que predicar con el ejemplo. Entiendo perfectamente la visita de esta semana de John Kerry, el “tibio” político demócrata a cargo de los temas de “calentamiento” global que ha designado el gobierno de Joe Biden, pero creo que es importante poner en contexto qué tanto cuidan nuestros vecinos el medioambiente. 

De acuerdo con el reporte “Resoluciones de Año Nuevo: la hipocresía climática de Estados Unidos” del Center for Global Development (CGD) que analiza la enorme desigualdad que existe en el tema energético entre los países ricos y los países pobres, por ejemplo las emisiones de CO2 del ciudadano estadounidense promedio son más de 100 veces superiores a las del ugandés.

De hecho, en el informe hacen un cronograma del mes de enero de 2022: el primer día del año, un estadounidense ya había emitido más CO2 que un habitante de la República Democrática del Congo en todo un año y, una semana después, había superado las emisiones anuales per cápita de 23 países de bajos ingresos. Para el 10 de enero, las emisiones promedio de un habitante de Estados Unidos ya habían superado las emisiones anuales per cápita de Kenia, de Costa de Marfil y de Camerún, todos países de ingresos medios y bajos de África. 

Más cerca, si nos ponemos a comparar con Latinoamérica, 20 días de un estadounidense equivalen a las emisiones de todo un año de un nicaragüense. 

Mientras en la Cumbre de Glasgow de noviembre pasado muchos líderes de los países más desarrollados firmaban con una mano un acuerdo para bajar emisiones y disminuir en el futuro el aumento de la temperatura global, con la otra mano siguieron adelante con sus planes de seguir usando e invirtiendo en energías contaminantes. 

Una de las acciones que se aprobaron es que los países desarrollados (y con más fondos) iban a cancelar los apoyos y financiamiento a países pobres o en vías de desarrollo que quisieran generar energía que no fuera renovable o limpia. 

“Esto es una hipocresía porque estos países podrían tener un mayor impacto si se comprometieran a eliminar su propio uso de combustibles fósiles”, reza el reporte y hacen incluso una fórmula. Los países que firmaron esa declaración gastaron en total unos 56 mil millones de dólares en subsidiar la producción o el consumo de combustibles fósiles en sus propios países, mientras que detener la financiación a los países que aún no alcanzan la transición energética ahorrará sólo 19 mil mdd. 

En el caso de Estados Unidos, tiene en su pipeline al menos 24 proyectos de generación de energía a base de combustibles fósiles pendientes de arrancar que representan más de 1.6 gigatoneladas de emisiones potenciales de gases de efecto invernadero. 

De hecho, es el segundo país en emisiones de CO2 a nivel global: 4 millones 535 mil 301 toneladas métricas por año. Esto es poco más de la mitad de lo que emite China, que es el mayor contaminador del planeta.

México está en el lugar 14, con 407 mil 695 toneladas métricas al año, es decir que generamos 10 veces menos emisiones que nuestro vecino del norte. 

Si lo medimos por personas, como lo hace el reporte del Center for Global Development, un estadounidense produce un promedio anual de 13.68 toneladas métricas de CO2 y un mexicano, 3.05.

“Es muy fácil para los países ricos imponer prohibiciones de financiamiento de combustibles fósiles a los países pobres o en vías de desarrollo, mientras que al mismo tiempo aumentan su propio consumo de combustibles fósiles”, dijo Vijaya Ramachandran, director de Energía y Desarrollo del Breakthrough Institute en Berkeley (California) en una entrevista a The Guardian. “Es pura hipocresía y es devastador para los países pobres, ya que necesitan una amplia gama de energía para impulsar el desarrollo”. 

¿Sabían que solo la industria de los videojuegos en California usa más energía que decenas de países africanos? La demanda de este negocio en este solo estado creció de cinco teravatios hora (TWh) en 2011 a 11 TWh en 2021. Para poner en contexto, es lo mismo que consume toda la población de Sri Lanka.

El dato lo publicó otra investigadora, Rose Mutiso, del think tank Energy for Growth Hub, quien dice claramente que “resolver la crisis climática en el mediano plazo es responsabilidad de los países que son hoy altos emisores, no solo porque causaron el problema, sino que lógicamente es donde se concentran las altas emisiones”.

Por supuesto que estoy a favor de bajar la temperatura del planeta (un tema tan cercano si recordamos al premio nobel mexicano Mario Molina). 

Por supuesto que estoy en contra de los impulsos a las energías contaminantes del actual gobierno y el freno al desarrollo de las energías limpias o renovables que traíamos en México, todo en nombre de darle un carpetazo a la reforma energética del sexenio anterior (con lo que pagan justos por pecadores). 

Estoy en contra de que un tema tan poderoso como es el calentamiento global y sus efectos de corto y mediano plazos en nuestras vidas importe tan poco a los políticos de la 4T. 

Pero tampoco estoy a favor de que un país como Estados Unidos, que no respeta el medio ambiente y tiene todo el poder económico para hacer una transición mucho más agresiva a energías no contaminantes, venga a darnos recomendaciones de cómo ser más responsables con el planeta. 

Puede ser políticamente más difícil, pero la acción climática debe comenzar en casa. 

Las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra. 

@ba_anderson


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