La violencia, el factor menos visible del calentamiento global

En Glasgow se han presentado mil razones que generan el aumento de la temperatura en el planeta, pero hay una que nos toca de cerca: las armas y la militarización como el acto humano más contamina

  
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¿Cuánto contamina un arma? ¿Cuánto C02 genera un tiroteo? ¿Alguna vez se lo preguntaron? 

En estos días en que todos los ojos están puestos sobre la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26) en Glasgow, y donde cientos de países firman sus compromisos para reforestar y disminuir sus emisiones de CO2, falta poner a la violencia como uno de los grandes contaminantes del planeta. 

Todo lo relacionado con las armas –además de las brutales consecuencias en vidas humanas– contamina. Todo lo relacionado con lo militar, con la violencia, contamina. 

Se acaba de publicar un estudio del think tank francés Centre Delás donde califica a “la militarización como el acto humano más destructivo desde el punto de vista ecológico”. 

Según el reporte, entre 5% y 6% del total de las emisiones de CO2 provienen de la violencia, de guerras y de enfrentamientos con armas. 

“Necesitamos menos soldados, aviones y armas, y en cambio necesitamos más médicos, más hospitales, más energía verde y soluciones para cubrir las necesidades y garantizar los derechos de todas las personas. Durante décadas nos hemos equivocado estableciendo nuestras prioridades”, reza el informe, que parece estar en las antípodas de México. 

Nuestro país es uno de los más violentos del mundo a causa de las disputas entre diferentes jugadores en el tenebroso negocio del narco, en la guerra contra el crimen organizado que se impuso hace una década y a la militarización que se ha exacerbado en el actual gobierno. 

Un gran negocio poco sustentable

Si bien Joe Biden se disculpó en la COP 26 de que su país se haya salido del Acuerdo de París y su compromiso con ser menos contaminante (apoyado en su plan de las energías limpias), lo cierto es que una de sus principales exportaciones es la militar,  una máquina inmensa que genera residuos contaminantes y gases tóxicos. 

Según el reporte anual del Stockholm International Peace Research Institute, EU es el principal exportador de armas del mundo con una participación de mercado a nivel global del 36%, seguido por Rusia, con 21%; Francia, 7.9%; Alemania, 5.8%, y China, con 5.5%. 

Los principales fabricantes y distribuidores de armamento representan a casi 36% de la población mundial y son responsables de dos terceras partes de las emisiones mundiales de CO2. 

El reporte del Centre Delás pone en contexto el tamaño de este negocio sucio (en todos los sentidos del adjetivo): si el Departamento de Defensa de EU fuera un país, sería el 47º mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo. La actividad militar estadounidense generó 212 millones de toneladas de CO2 sólo durante 2017. Estas emisiones equivalen al doble de las de Bélgica o la mitad de las de Francia durante el mismo año. Además, el Departamento de Defensa de EU es el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo. 

México: más armas y menos ecología

Hay tantas dianas en nuestro país que apuntan a la contaminación relacionada con la violencia que vale la pena ir de a una a la vez: 

1.- Narcotráfico. 

El uso de armas de manera creciente libera en el ambiente materiales como plomo, cobre, zinc, antimonio e incluso mercurio, capaces de filtrarse en los suelos y el agua. Las municiones vienen recubiertas en plásticos de un solo uso que, normalmente, acaban en el océano. 

Hace unas semanas el gobierno mexicano sorprendió con una demanda a los principales fabricantes de armas de EU que son responsables del 70% del armamento ilegal que usan los diferentes grupos del crimen organizado de este lado de la frontera. Si se toma como término de referencia la disponibilidad de armas, veríamos cómo entre 2006 y 2016 el total de armas manufacturadas e importadas en EU aumentó de poco más de 6 millones a 16.6 millones de armas de fuego. Según la SRE, cada año llegan desde ese país 500 mil armas de forma ilegal que provocan 17 mil homicidios anuales. El país registró sus dos años más violentos de la historia: entre 2019 y 2020 más de 34 mil 500 personas murieron por asesinato. Con una tasa de homicidios de 29 por cada 100 mil habitantes, esto es, casi cinco veces superior a la tasa mundial (seis por cada 100 mil habitantes). El 80% corresponden a enfrentamientos del crimen organizado.

2.- Tala ilegal. 

Los territorios que se disputan los diferentes cárteles han generado una migración interna y en consecuencia una pérdida del uso eficiente de suelos y la forestación. Además, un negocio “local” del crimen organizado es la tala ilegal. Esta semana Excélsior publicó que cuatro grupos del crimen organizado de Jalisco y Michoacán controlan la tala ilegal en la región occidente de México (Nayarit, Jalisco, Colima y Michoacán). Según un estudio de la UDG, entre 2017 y 2019 el 4% de la producción nacional de madera fue extraída ilegalmente tan sólo de Talpa de Allende, Jalisco. Un reporte de Insight Crime reveló los nexos entre la madera y el narco que tiene fuerte presencia en Chihuahua, sobre todo en la zona suroeste, tristemente recordada como el área donde —precisamente ayer 4 de noviembre— se cumplieron dos años del asesinato a miembros de la familia LeBarón. 

Según la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), 30% de la madera que se procesa en México es de origen ilícito.

3.- Migración.

Esta semana la Guardia Nacional abrió fuego contra un grupo de migrantes, donde un cubano perdió la vida. La militarización del control de las fronteras sur (a pedido de EU) y norte ha aumentado la violencia contra los migrantes, que han incrementado también su flujo en el territorio nacional, huyendo de la violencia en Centroamérica. 

Este año 8 mil 715 elementos de la Guardia Nacional, Sedena y Secretaría de Marina se desplegaron para el Plan de Migración y Desarrollo en la Frontera Norte y Sur. Actualmente, 78% de las detenciones de migrantes está a cargo de la Guardia Nacional. La militarización se extendió al Instituto Nacional de Migración (INM): hoy, 18 estados tienen mandos militares como delegados del INM.

4- Militarización.

Entre 2012 y 2018, la capacidad de las Fuerzas Armadas sólo aumentó en 2.1%. 

En marzo de 2019, el gobierno de AMLO crea la nueva Guardia Nacional, reforma constitucional mediante la cual el presidente facultó a los militares para detener personas, ejecutar órdenes de aprehensión, asegurar bienes, resguardar y procesar escenas del crimen, entre otras cosas, pero sin ninguna regulación más que la Ley Nacional de Uso de Fuerza. Este año se rompió el récord de militares desplegados, superando a los que en su momento utilizó Felipe Calderón cuando declaró la guerra al narcotráfico: 52 mil 700 en 2011 versus los 80 mil 210 efectivos actualmente en servicio. 

Un dato que no deja de sorprender es la expansión de las funciones militares en el país más allá de la seguridad interna. Ya son más de 20 las tareas que las Fuerzas Armadas han asumido: desde el combate al huachicol, el control migratorio, el apoyo en la pandemia, la construcción del Tren Maya, del aeropuerto de Santa Lucía y las sucursales del Banco de Bienestar.

Si bien la agenda mexicana en la COP 26 se ha enfocado en la “paternidad” o no del modelo de reforestación “Sembrando Vida”, hay un elefante tan grande en la habitación, como la propia reforma energética (también plagada de incoherencias ambientales) y que tiene que ver con la violencia, el aumento en el uso de la fuerza militar y el excesivo incremento de las armas. 


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