21 años de silencio

No estamos trabajando en contra de alguien sino a favor de algo, eso que ha formado un hueco en el corazón de cada víctima y que solo puede llenarse con dos palabras: verdad y justicia.

21 años de silencio, 21 años desde el día en el que la Policía Internacional conocida como Interpol logró llegar al departamento en donde me encontraba literalmente privada de mi libertad en Río de Janeiro Brasil, en absoluta condición de esclavitud.

Sin embargo, pese a este precedente tan relevante, este caso que ha costado tanto dolor a decenas de familias se ha tocado, manoseado y publicitado de una manera totalmente superficial como si se tratara de un chisme para el cuál la INTERPOL con sus 194 países miembros siendo la mayor organización policial del mundo, se haya prestado.

Nuestras identidades fueron reveladas sin ningún tipo de protección como lo marcan los tratados internacionales, todos los que quisieron pudieron tener nuestro nombre, rostro y ubicación a su libre alcance, pero sobre todo la posibilidad de opinar complicando más aún nuestro proceso y peor aún, abonando a nuestro inminente silencio para no seguir siendo lastimadas.

Pero hoy el tiempo cambió y a pesar de que sigo con temor, el trabajo de casi 10 años como activista, conocer a decenas de víctimas de múltiples casos, convertirme en abogada y la comprensión de que es inaceptable violar los derechos humanos de las personas y en este caso de las víctimas y más de manera reiterada, me dan la fuerza para saber que lo que no se repara se repite y que hasta que no se traiga claridad a los hechos delictivos, estamos en riesgo de que la impunidad se perpetúe.

El mundo cambió, México cambió, la sociedad cambió, los medios de comunicación cambiaron y también las leyes.

Desde el año 2012 nuestra Ley para prevenir, sancionar y erradicar los delitos en materia de trata de personas y para la atención y protección a las víctimas de estos delitos señala:

Se entenderá como trata de personas: toda acción u omisión dolosa de una o varias personas para captar, enganchar, transportar, transferir, retener, entregar, recibir o alojar a una o varias personas con fines de explotación.

Hoy no habrá ningún poder que manipule lo suficiente como para lograr que más de un país sea cómplice de no respetar nuestros más legítimos derechos, toda vez que “El Protocolo de Palermo” contra la trata de personas es “el tratado de derechos humanos más ampliamente ratificado de la historia” por 196 países.

No habrá burla, intimidación o amenaza que logre que haya un mundo entero que entienda que no estamos trabajando en contra de alguien sino a favor de algo, eso que ha formado un hueco en el corazón de cada víctima y que solo puede llenarse con dos palabras: verdad y justicia.

La justicia tiene que ver con la verdad, y en cierto sentido es la victoria de la verdad. -Bernard Williams.

¿A quién, en pleno siglo XXI podría molestarle que nos sean cumplidos estos derechos?

* Karla de la Cuesta fue víctima de trata por Sergio Andrade


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