No sin nosotras

La tecnología moldeará nuestra ética del futuro, y lo construido años atrás nos grita que urge ponernos a las mujeres en el centro de toda conversación pública.

  
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Nuestra noción sobre lo que es bueno y malo no es una verdad grabada en piedra, eso es lo que plantea Juan Enríquez en su libro “Right/Wrong”. Es la tecnología la que modifica nuestros lineamientos éticos, y plantea el que me parece el ejemplo más claro: cómo fue que el acceso al control natal cambió nuestra percepción sobre lo bueno y lo malo, y además abrió inmensas oportunidades educativas y laborales para las mujeres.

Retrata Enríquez, que en Connecticut, la ley estatal prohibía el uso de cualquier droga, artículo médico o instrumento que previniera la concepción. En 1937, el 61% de la población en Estados Unidos aprobaba el control natal, para 1965 era el 81%.  En el 2015, ya el 89% estaba de acuerdo y el 75% de las mujeres de ese país habían utilizado la pastilla anticonceptiva o algo similar para evitar quedar embarazadas.

¿Tenemos derecho a herramientas que nos permitan la planificación familiar? ¿Debería el Estado garantizarlas? ¿La interrupción legal del embarazo se presenta también como una modificación a las leyes que permita a las mujeres acceder a más y mejores oportunidades? Aparentemente sí, sobre todo cuando la estadística confirma que el embarazo adolescente es una de las principales causas del abandono escolar. Y que mientras las mujeres no tengamos plena autonomía sobre nuestros cuerpos, seguiremos siendo ante la ley, ciudadanas de segunda.

Garantizar la anticoncepción a las mujeres, sobre todo en países en vías de desarrollo, es uno de los pilares para conseguir más años de escolaridad, mejores oportunidades laborales, una vida independiente, y con ello no tener que estar sujetas a relaciones violentas a causa de la dependencia económica. ¿Qué sucede si las opciones son traducidas en información para las mujeres más vulnerables? ¿Y qué pasa si esa información, además, está en su lengua originaria?

Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a mujeres y niñas es el objetivo número cinco de la agenda 2030 de la ONU, curiosamente alcanzar los objetivos del 1 al 4, requieren que primero logremos el quinto. Ejemplifico:

  1. Fin de la pobreza. Según la misma Organización de Naciones Unidas, si todas las mujeres en México, participaran laboralmente en la misma proporción que los hombres, (hoy tenemos una brecha superior al 30%), el Producto Interno Bruto sería 22% más alto. La pandemia nos ha dejado ver cómo golpeó con más fuerza a las mujeres. Perdimos proporcionalmente más trabajos y recuperamos los peor pagados. No tener un sistema universal de cuidados sigue poniéndonos al frente de la solución de los problemas del hogar y hasta atrás de las oportunidades en el ámbito laboral.

  1. Hambre cero. Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación, las mujeres somos la base de la agricultura, entre un 60% y 80% en países desarrollados y más del 50% en la producción de alimentos en México. Si tuviéramos las mismas oportunidades que los hombres, tendríamos mayores posibilidades de combatir el hambre. La mitad de la producción mundial de alimentos pasa por las manos de mujeres rurales, que representan un tercio de la población mundial. Mejorar su situación puede significar un aumento de hasta un 30% de la producción mundial, según Susana Balbo, Embajadora de Buena Voluntad del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura.

  1. Bienestar y salud. La pandemia ha representado un sismo para los sistemas de salud en el mundo. Por primera vez, desde la Segunda Guerra Mundial, la esperanza de vida bajó en países desarrollados. Esto afecta de forma diferenciada a hombres y mujeres. Sobre todo, si tomamos en cuenta que es más probable que las mujeres vean por la salud de otros miembros de su hogar, antes que por la suya. Según el primer Índice Global de Salud de las Mujeres, seis de cada 10 no se hicieron revisiones de salud para enfermedades que normalmente les afectan como diabetes o cáncer. La atención prenatal y reducir (o desaparecer) los índices de embarazo adolescente son todavía un reto en México.

  1. Educación de Calidad. México ha tenido grandes avances en materia de inclusión educativa con perspectiva de género, sin embargo, el matrimonio y la maternidad, siguen representando un factor de deserción escolar. La pandemia, con sus ya más de cinco millones de estudiantes que no regresaron a la escuela, representará un reto mayor para las mujeres, porque es siempre a los grupos más vulnerables a quienes los golpes pegan con mayor fuerza.

La tecnología moldeará nuestra ética del futuro, y lo construido años atrás nos grita que urge ponernos a las mujeres en el centro de toda conversación pública, porque cambiar al mundo para bien, se logrará, sólo si se hace con nosotras.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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