Cuando Napoleón perdió la cabeza

No es un secreto que un momento favorito después de un viaje, es llegar a casa y reacomodar los imanes que viven en mi refrigerador, cual monumento a los viajes.

Ese pedacito de algo te puede llevar de nuevo a un lugar especial mediante una anécdota. Mi primer monumento a los viajes lo comencé cuando vivía en casa de mi mamá, en su refrigerador tamaño familiar. El día que decidí independizarme, le pregunté qué pasaría con mis imanes y casi, como si estuviéramos repartiendo a los niños, accedió a que me llevara l…

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