La vergüenza no anda en burro

Que tu belleza sea para servirte a ti y a tu placer, no tú a tu belleza.

La vergüenza no anda en burro, ni tampoco en la cama (aunque muchas veces se manifieste ahí), la verdad es que ella anda en nosotros. Hay varias cosas que pueden despertarla: errores, expectativas truncadas, etc. Lo cierto es que también hay una clase de vergüenza que es de la que hablaremos ahora: la sexual. Y ¿Qué es la vergüenza sexual? ¿Es buena o mala? ¿Hay que evitarla o aprender a vivir con ella? ¿Es posible trabajarla?

Lo que sí debemos de saber es que hay de vergüenzas a vergüenzas sexuales, y ésta está en nosotros para algo, sin ella seríamos unos “sin vergüenzas” y definitivamente eso no lo queremos ¿verdad? La vergüenza es sana siempre y cuando no sea una pena que nos paralice, que no nos permita actuar y vivir libremente. Para fines de este artículo, vergüenza sexual será todo aquello que nos inhibe e  impide desarrollarnos con soltura en el acto sexual. La más típica es la vergüenza por mostrar el cuerpo y por eso hay cientos de personas que prefirieren hacer el amor a oscuras; está la vergüenza de hacer algo nuevo como comprar ropa interior más sexy, a usar un disfraz o actuar una escena, porque sería más cómico que erótico. Y así me podría ir con la lista.

Hay que aclarar algo, la vergüenza sexual es buena cuando tiene implicaciones de educación y bienestar personal y conyugal: vergüenza a tener relaciones porque no me he aseado correctamente; vergüenza de dar un paso en falso porque podrías ir demasiado rápido e incomodar a la otra persona. Esa pena es buena y hay que procurarla, pero no aquella que más que precavidxs y cautelosxs nos hace ver y ser inseguros e inestables. Es por eso que la vergüenza sexual buena hay que procurarla y la que nos deja en retroceso, aunque es difícil de evitar, hay que aclarar que no es imposible de trabajar. ¿Y cómo trabajamos la vergüenza sexual insana?

Lo primero que hay que saber para trabajar la vergüenza sexual insana, es que eso que te avergüenza de ti por lo general suele ser algo que a tu pareja quizá ni siquiera le importa. Por ejemplo: tuve un caso en consulta, en el que una mujer no podía hacer el amor si no estaba perfectamente peinada para el acto, y si su pareja la llegaba a “desgreñar” en medio de la acción, ella paraba porque se sentía desalineada y tenía que ir al baño para volverse acomodar el cabello porque no le gustaba que la viera su pareja de esa forma, ella decía:  “es que no le voy a excitar lo suficiente”. Y ¿qué decía la pareja por otro lado? le molestaba que no la dejara verla despeinada y que tuvieran que detener el sexo por ese asunto, y que su excitación no tenía nada que ver con su pelo. Conclusión: es bueno querer estar alineada y presentable, pero que eso no te cueste la noche querida. Que tu belleza sea para servirte a ti y a tu placer, no tú a tu belleza.

Sabemos que siempre habrá algo que nos apene, pero recuerda que el camino del placer no consiste en que no existan las trabas, tales como la vergüenza sexual, sino que a pesar de ellas pueda existir el gozo de varias noches.


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