Los buenos somos más… ¿y de qué sirve?

Se quejan de que el gobierno hace tal cosa, de los baches que plagan nuestras calles, de la reformas a la Constitución, pero no son capaces de levantar un folio de queja y darle seguimiento.

  
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Esta frase pareciera que ocupa el espacio de inacción de los ciudadanos, el espacio de comodidad en el que nos instalamos a diario.

No, permitir y quejarse no es participar, la queja sólo es válida y funcional si va acompañada de una acción.

Es decir, se quejan y quejan de que el gobierno hace tal cosa, de los baches que plagan nuestras calles, de la reformas a la Constitución, pero no son capaces de levantar un folio de queja y darle seguimiento, de estar al pendiente de lo que se presenta y autoriza en las Cámaras; si el árbol tiene plaga y está muriendo no basta la queja, debes reportar a la CDMX o alcaldía, según su ubicación, antes de que muera; lo mismo el bache, difícilmente, se va a reparar sin denuncia. Las calles son nuestras y se mantienen con nuestros impuestos, si no vigilamos, ¿quién lo hará? Las normas nos rigen, si no las vigilamos, ¿cómo lograremos vivir en armonía? 

Como ciudadanos tenemos responsabilidades y también derechos, pero hay que ejercerlos. Por desidia preferimos escuchar, adecuarnos al sonido todas las noches de la placa que resuena cada vez que pasa un coche por encima, que reportarla y acabar con el suplicio. Así es con todo, no somos una sociedad participativa, pero sí demandante desde el sillón de nuestra casa y desde la conversación en la comida. 

Desde niña mi madre me enseñó a resolver, a no quedarme en la queja; me enseñó, también, a ser una ciudadana activa, a saber sobre mis derechos y mis responsabilidades, y la importancia de apoyarse en organismos, institutos y secretarías para lograr el objetivo ciudadano. Les cuento algunos casos recientes… 

Un día de repente mis noches se convirtieron en un eco de aullidos y cánticos provenientes del alcohol; daban las tres de la mañana y comenzaba el popurrí de los borrachos en el restaurante de la plaza de enfrente, un día hasta balazos hubo. Total, que harta de no poder dormir de martes a domingo  –descansaban los lunes– me dirigí a investigar el lugar… No era un bar, era un congal. Se anunciaban en internet como “bar para caballeros” y exhibían en fotografías a las señoritas que “atenderían a los clientes”. Este local había cubierto su terraza con unos plásticos y hasta instalaron un karaoke. Era prácticamente un antro al aire libre con clientes de dudosa procedencia y conflictos todas las noches, así que levanté mi reporte en la alcaldía Miguel Hidalgo, dirigida por Víctor Romo. Nunca me hicieron caso, dijeron que habían revisado y “todo en orden”, pero se habían metido con una ciudadana que sabe que tiene herramientas para apoyarse si su delegación hace caso omiso como en este caso y como ya había tenido malas experiencias con el área de Jurídico de la Miguel Hidalgo decidí acercarme a la PAOT (Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial), al Invea (Instituto de Verificación Administrativa) y a la Sedema (Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México); en todas levanté mi reporte y esto logró un engranaje que terminó, dos meses después, en la clausura de este “bar” que llevaba más de dos años funcionando sin permiso. Hoy sigue clausurado y yo duermo tranquila.

Caminaba por la calle y me volví topar con autos estacionados sobre el paso peatonal;  siempre se estacionan ahí porque van rápido a la tienda de autoservicio o por un café, pero ese día sí llevaba mi labial en la bolsa, así que lo saqué y les escribí en el parabrisas “PASO PEATONAL, RESPETE”; al día siguiente regresé e hice lo mismo… Seguro tardaron un rato en limpiar el aceite de jojoba con karité; al tercer día regresé y ya no había coches estacionados en ese paso, los chismes corren rápido… ¡jajaja!

Desde el año pasado Pisos Pichacho intentó quedarse con el dinero de un pago que les hice por servicios y material que no realizaron ni entregaron; fui a la Profeco (Procuraduría Federal del Consumidor), levanté mi denuncia y cuatro meses después el dictamen salió a mi favor; esto me apoya en la demanda.

Enfrente de mi departamento empezó una construcción que no respetaba horarios; la denuncié y, al revisarla en la alcaldía, resultó que no tenía permiso de construcción; hoy está suspendida y estoy segura de que al reiniciarla vigilarán el cumplimiento de horarios.

Les cuento estas historias para mostrarles que la queja con acción y seguimiento provoca una solución. Las herramientas las tenemos, funcionan y están a nuestro servicio, pero queremos que se resuelvan sólo por quejarnos en corto sin mayor esfuerzo. Esto pasa con todo. Si seguimos permitiendo sin colaborar y señalar somos parte del problema.

Si los coches que se estacionan en doble fila o los que se ponen en triple para dar vuelta obstruyendo el paso de los demás recibieran claxonazos y reclamos de cada afectado estoy segura de que lo dejarían de hacer; si cada vez que un servidor público faltara a la ley o a la ciudadanía fuéramos a sus redes y contactos a expresar nuestra inconformidad seguro lo pensarían la próxima vez; si nos encontramos a corruptos y violadores en algún restaurante debemos mostrarles nuestro repudio y no aceptarlos socialmente, pero no, permitimos, permitimos y permitimos… y somos parte del engranaje.

Los invito a ser ciudadanos activos, a denunciar y dar seguimiento al proceso, a señalar lo incorrecto en las calles, en la oficina, en el gobierno, a no permitir, porque ¡SÓLO A PARTIR DE LA CIUDADANÍA, HABRÁ UN CAMBIO! 

“EL MUNDO ES UN LUGAR PELIGROSO. NO POR CAUSA DE LOS QUE HACEN EL MAL, SINO POR AQUELLOS QUE NO HACEN NADA POR EVITARLO”. 

ALBERT EINSTEIN


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