Almita sabe que va a morir

“Parece que quisieran exterminarnos y no ayudarnos; esto es algo similar a lo que hacía Hitler, acabar con quienes para los gobiernos no funcionaban”.

  
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Siempre he creído que debemos ser cuidadosas con las palabras, que las comparaciones suelen caer en lugares comunes que ya sea que exageran la realidad o le restan importancia. Sin embargo, las palabras que aquí escribiré no son mías, parten de una entrevista a Alma, una mujer de 40 años cuya pesadilla inició con un cáncer de mama, 14 quimioterapias, una mastectomía, le quitaron también los ovarios y trompas de Falopio, y ahora tiene metástasis en el cerebro. Me tomó la videollamada desde su casa, a donde regresó después de que la Fundación de Cáncer de Mama (Fucam), en donde se ha atendido, no pudiera apoyarla más y el Instituto Nacional de Cancerología (Incan) también la regresara a su casa tras decirle que no podían atender casos de urgencia y que debía hacer cita.

La voz aguda habla despacio; el dolor de cabeza no la ha abandonado en todo el día. Una pequeña de siete años se acerca a la cámara y abraza a Alma. Es la más pequeña de sus cuatro hijos: tiene uno de 17, otro de 16, uno de nueve y su hija de siete años, quien la atrapa entre sus brazos como quien quiere detener un instante para siempre. 

“La principal situación es que no se dejen de atender y de cuidar desde muy pequeñas las mujeres. Desde que empiecen sus relaciones deben empezar sus chequeos, porque esta es una enfermedad no sólo dolorosa, es una enfermedad muy costosa, que a veces no alcanzamos a asumir. Yo me atiendo en Fucam desde antes que nos quitaran el Seguro Popular, y Fucam siempre nos dio una atención muy buena, a través del Seguro Popular. Cuando se cambió a Insabi todas como pacientes hicimos escritos y marchas con los diputados y senadores, y jamás quisieron renovarnos el acuerdo que tenían de Seguro Popular. Eso es algo que nos ha perjudicado, no sólo a mí, a muchas personas. Muchas somos de escasos recursos y nos hemos endeudado hasta más no poder, pero lamentablemente no podemos costear nuestros tratamientos. Y el gobierno ha abandonado a tantas mujeres, porque no sólo yo, somos muchas, por falta de medicinas, por falta de insumos en nuestro hospital no tenemos todo lo que requerimos. Y eso nos está matando poco a poco. Nuevamente, al gobierno, que tenga compasión de tanta gente enferma y tantos que necesitamos atención, cuidados paliativos, medicamentos, que no hay por falta de recursos”.

Alma no había llorado durante la conversación, ni cuando narró las múltiples veces en las que el cáncer se esparcía por su cuerpo, ni cuando su hija se acercó a abrazarla; fue hasta que comenzó a contar lo que la falta de medicamentos e insumos ha sido para ella y otras tantas más que los necesitan. ¿Cómo ha conseguido llegar hasta aquí?

“He recurrido a la familia, a mis amistades, a todos. Hacen lo posible para poder seguir en atención; la enfermedad es difícil, pero el no poder contar con los recursos nos lo hace aun más. Nosotros como pacientes hacemos hasta lo imposible por no dejar nuestra atención porque queremos seguir, queremos seguir en todo esto, queremos dar batalla hasta lo último que nos toque y salir victoriosas de esta enfermedad, pero no todos podemos tener acceso. Yo vivo aquí en la Ciudad de México, pero tengo muchas amiguitas que vienen del interior de la República; si a mí se me hace difícil siendo de aquí, cuánto más se le hace difícil a mis amistades que tienen que pagar pasajes, hospedajes y todavía todos los tratamientos. El gobierno no se compadece de nadie. Parece que quisieran exterminarnos y no ayudarnos, esto es algo similar a lo que hacía Hitler, acabar con quienes para los gobiernos no funcionaban, no servían, para que de alguna manera ya no sirvamos a nuestro país o a nuestra patria. Es como si fuera un genocidio para las personas con cáncer. Algo muy fuerte”.

Según datos de México Evalúa, con información de la Cuenta Pública 2013-2020, en 2019, cuando Alma fue diagnosticada, hubo un subejercicio de 47% del gasto en Salud. Fue a partir del 1 de enero de 2020 que el recién creado Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) sustituyó al Seguro Popular. El instituto ya no requería que los beneficiarios se afiliaran o pagan cuotas para ser atendidos; sin embargo, pacientes que antes se atendían en organizaciones como Fucam, que recibían recursos a través de un convenio con el Seguro Popular se quedaron en el desamparo, con un Instituto de la Salud para el Bienestar sin insumos, sin medicamentos, sin atención adecuada. La próxima pandemia está ya latente, y es perceptible cuando vemos cómo  desde 2015 se han ido reduciendo las consultas de primera vez y subsecuentes, con caídas especialmente dramáticas desde 2019, sobre todo en enfermedades crónico-degenerativas.

Fue hace un par de años cuando escuché a alguien decir que dejar a los enfermos de cáncer sin medicamentos era un acto premeditado, un cálculo económico. Lo escucho ahora otra vez, pero en voz de Almita. Ella no tiene por qué medir sus palabras, tampoco demostrar con números sus comparaciones, ella lo ha vivido en carne propia, lo vive con sus amigas y quiere gritarlo a los cuatro vientos esperando que sirva de algo, porque Alma sabe que va a morir.


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