Querida mujer mexicana que (no) abortó

Renata Villarreal, de Marea Verde, reflexiona sobre la histórica decisión de la SCJN de despenalizar el aborto. "Las mujeres, y solo las mujeres sabemos lo que es maternar"

No hace falta ir muy lejos para conocer historias de mujeres. Historias de mujeres, niñas y adolescentes que han tomado la decisión de abortar, o que cuentan ellas y sus hijos e hijas, historias de vida en situaciones de escasez y violencia por no haber tenido acceso a poder hacerlo.

Si abres un poco tu corazón, puedes sentarte en cualquier esquina de cualquier ciudad de México y encontrar historias de mujeres que fueron obligadas a maternar, obligadas a parir o que vivieron un aborto en completa soledad por la criminalización y estigma que vivimos las mujeres mexicanas.

Como la historia de Fabiola, una adolescente de 15 años que fue vendida por su propia familia a los 4 años, y ahora vive una maternidad con violencias y carencias por no haber tenido acceso a una infancia libre de violencias, a educación sexual integral, y después a un aborto libre, seguro y gratuito. No tiene los medios para pagar una terapia y diversos gastos que vienen junto a la maternidad. Las colectivas lo hemos costeado.

También está la historia de Karla (la nombraremos así para cuidar su identidad). Tiene 16 años y estuvo hospitalizada por un aborto mal realizado en casa y sin acompañamiento. Ella ya está fuera de peligro, pero lo que pasó, lo que vio y lo que le espera, ninguna mujer de 16 años tendría que vivirlo. Afrontaba un embarazo sola, con miedo a hablarlo y encontró en internet información errónea para abortar en casa. Llegó al hospital con peligro de muerte, desangrada y aterrorizada. Ahora su mamá ha tenido que dejar de trabajar para acompañarla. Su papá, mamá y hermana se dividen las horas para no dejarla sola, pues las palabras violentas y revictimizantes que le dijeron los policías y el personal del hospital, retumban en su cabeza. No tienen los recursos para costear un abogado, ni una psicóloga, las colectivas lo hemos pagado.

Y hay historias como la de una mujer de 27 años con 4 hijos a la que su pareja no le permite cuidarse. Nos escribió por medio de su hermana, con miedo a ser descubierta. Su esposo tampoco le permite trabajar, y muchas veces él sale de viaje dejándola sin dinero para alimento y cuidados de la familia.

Esas son las historias que nos atraviesan cada día: mujeres, niñas y adolescentes viviendo diferentes circunstancias que las llevan a tomar la decisión de abortar o que no han logrado hacerlo por la criminalización que hay hacia las mujeres que deciden interrumpir un embarazo.

Los derechos no obligan...

A lo largo de la historia las mujeres hemos arrebatado cada uno de los derechos de los que hoy gozamos. En algún momento, a las mujeres no se nos consideraba aptas para viajar sin el permiso de un hombre de nuestra familia, o capaces de decidir por quién votar o ser votadas. Tampoco teníamos derecho a gozar de propiedad privada: ni casa, ni suelo, ni techo podía pertenecernos.

En la conquista ( y no descubrimiento) de América, nos fue impuesta una religión. Religión que castiga y juzga el placer sexual, la libertad sexual y cualquier tipo de acción sexual que esté fuera del matrimonio con fines reproductivos. La ciencia nos dice que es algo natural. ¿Cómo podemos educar y legislar fuera de una creencia que llevamos tatuada desde hace tantos años? ¿Por qué una mujer debe de sufrir una de las peores violencias como es la violencia sexual para "merecer" el derecho a decidir no ser madre? ¿Por qué una mujer que vive un embarazo producto del placer y el gozo es castigada y una mujer sobreviviente de violación es "perdonada"? ¿Por qué las leyes que castigan el aborto son contra nosotras y no consideran al hombre que fue imprescindible para que existiera el embarazo?

Las mujeres, y solo las mujeres sabemos lo que es maternar. Sabemos lo que es hacerlo solas o acompañadas, pero finalmente a cargo de la educación y cuidados de nuestros hijos e hijas. Solo nosotras podemos decidir si podemos lidiar con esa responsabilidad en cada momento de nuestras vidas.

¿Eres parte del problema o de la solución?

No basta estar en contra de algo para evitar que eso suceda. Nos faltan manos para poder acercar información sobre sexualidad, educación sexual integral y anticoncepción. Nos hace falta justicia y ojos para cuidar que ninguna niña, adolescente o mujer sea agredida sexualmente y esto derive en un embarazo no deseado. También hacen falta métodos anticonceptivos 100% seguros. No existe ninguno hasta el momento que no tenga un porcentaje de falla u ocasione problemas en nuestros cuerpos por su mecanismo hormonal. Nos hacen falta corazones para acercarnos a tantas mujeres que viven violencia dentro de sus casas y no les es permitido acceder a consultas ginecológicas y mucho menos a métodos de anticoncepción.

Escucha las historias de las mujeres. Escucha sus exigencias, sus sueños y su dolor. Dejemos a un lado nuestras creencias e historias personales. Dejemos de lado querer tener la razón.

Lo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó ayer, es que todas las niñas, mujeres y adolescentes tienen el derecho constitucional de interrumpir su embarazo. Que cualquier persona que sea acusada de participar en un aborto, puede pedir la protección de un juez federal a travez del amparo, para no ser condenada a prisión y que todas y todos los jueces del país deben seguir ese razonamiento. Es el camino mientras sigue la lucha por la legalización. Ayer fue un día histórico y celebramos que la SCJN escuchó lo que llevamos años gritando.

Renata Villareal, vocera de Marea Verde México.

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