¿Quién le pedirá perdón a Ricardo?

La necesidad de las autoridades de presentar resultados o parecer eficientes empuja a crear falsos culpables. Pero siempre hay un testigo, un cabo suelto o en este caso: siempre hay una cámara.

La prueba más dura para Ricardo Ortiz inició cuando declinó a sus ganas de defecar. Tenía dos días dentro de una celda con 13 personas y era la primera vez en su vida que tendría que hacer sus necesidades en un retrete frente a todos, sin puertas ni espacio para la intimidad. Prácticamente al lado de las literas de cemento y hacinadas que compartían par…

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