May 19 • 3M

Una boda compartida en Chimalistac

La celebro por su curiosidad, sus preguntas, sus ganas de averiguar más, porque eso nos ha permitido conocer la voz y la historia de tantos otros, incluyendo la de la Jacaranda y el Limonero.

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Regina Reyes-Heroles

En abril de 2008 me casé en la iglesia de San Sebastián Mártir en Chimalistac, una colonia de calles angostas y empedradas en la Ciudad de México, donde –coincidió-- mi esposo y yo vivimos nuestra infancia. Esta fue una de las razones que nos llevaron a elegir esa capilla como espacio para celebrar nuestro matrimonio.

Unos meses después, llegó el regalo de bodas de una muy querida amiga de mi mamá, un libro cuadrado y delgado con la ilustración de un limonero y una jacaranda que se miraban enamorados: Boda en Chimalistac, de Elena Poniatowska.

Este cuento para niños, bajo el sello editorial del Fondo de Cultura Económica, y que durante el mes de abril de 2008 se había terminado de imprimir y encuadernar, llegó a mis manos por otra simple coincidencia, una fecha.

Desde entonces he imaginado que el Limonero y la Jacaranda planearon su boda al mismo tiempo que nosotros planeamos la nuestra. La coincidencia era el espacio donde las dos parejas eligieron celebrar el inicio de su vida juntos: la plaza Federico Gamboa.

He leído cientos de veces Boda en Chimalistac, de Elena Poniatowska, como agasajo personal. También ha sido un cuento que he contado a mis hijos muchas veces, muchas, y siempre encuentro cómo hacer más larga la historia de la Jacaranda y el Limonero gracias a las ilustraciones de Oswaldo Hernández Garnica. 

Hemos inventado más historias de parejas que sentadas en la banca frente a la fuente querían darse besos, pero como el Limonero estaba triste por el rechazo inicial de la Jacaranda, les soltaba limones sobre sus cabezas. Hemos alargado las discusiones de los vecinos que no querían que se cortara el Fresno. Y cuando el limón se puso muy caro contamos el cuento inventando las riquezas que habría de tener el Limonero.

No conozco personalmente a Elena Poniatowska, pero tengo la memoria de que desde niña sé que vivía junto al templo de San Sebastián, del otro lado de la plaza y de la casa amarilla donde fui al maternal. Esa plaza, la fuente al centro, el templo, el retablo dorado y las flechas en el cuerpo del santo –que de niña tanto me impactaron-- forman parte de mi historia, pero son también los escenarios en los que sucede la historia de amor de la Jacaranda y el Limonero; una primorosa coincidencia.

Hoy que Elena Poniatowska cumple 90 años la celebro, no solo por Boda en Chimalistac, o La Flor de Lis, primer libro que leí de ella, o Leonora, o Tinísima, o La noche de Tlatelolco, o… La celebro por su curiosidad, sus preguntas, sus ganas de averiguar más, porque eso nos ha permitido conocer la voz y la historia de tantos otros, incluyendo la de la Jacaranda y el Limonero. 

¡Felices 90 años!

@vivircomoreina


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