¿Petróleo a 100 dólares? Aprender del pasado

Para 2022, encima, el escenario de los ingresos petroleros –con riesgos puntuales como la inflación, de los que hablaremos en otra entrega– muestra buena cara

México, como país productor de petróleo, gozó al menos de 2004 y hasta 2013 de precios del petróleo nunca antes vistos e incluso por arriba de los 100 dólares por barril. Esa década de jauja produjo también excedentes petroleros inéditos en los gobiernos de los panistas Vicente Fox Quesada (1 de diciembre de 2000 al 30 de noviembre de 2006) y Felipe Calderón Hinojosa (1 de diciembre de 2006 al 30 de noviembre de 2012). 

Se calcula que, sólo por excedentes petroleros, Fox Quesada y Calderón Hinojosa recibieron 420 mil millones de dólares y, de acuerdo con la versión oficial, cuando la mezcla mexicana de petróleo valía 106 dólares por barril, éstos fueron repartidos a cada uno de los estados de la República Mexicana para detonar desarrollo y combatir la pobreza. La realidad es que ambos gobiernos no entregaron buenas cuentas ni en desarrollo ni en pobreza, y la opacidad, falta de supervisión y transparencia de los recursos supuestamente entregados a los gobernantes locales provocaron que simplemente se hicieran humo.

Aun cuando las reglas para la distribución de los ingresos excedentes se encuentran en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria y en la Ley Federal de Derechos, la asignación de esos recursos quedó en el aire y es la Auditoría Superior de la Federación (ASF) la única que destacó los desfalcos y la corrupción en este sector, así como la falta de informes y resultados concretos. Sin embargo, la ASF —una de las más eficientes al desvelar la profunda corrupción que prevalece en el sector público— está posibilitada sólo para emitir recomendaciones, lo que evita que esa institución tenga facultades para fincar directamente a los responsables las indemnizaciones y sanciones pecuniarias correspondientes, así como  llevarlos a un proceso que los conduzca a la cárcel.

El caso del sexenio de Calderón es excepcional en materia de opacidad y despilfarro de aquella enorme fortuna que amasó Petróleos Mexicanos (Pemex) y que, en su momento, pudo haberla rescatado del desastre financiero que hoy se combate.

Una investigación del periodista Adalberto Ruiz Mojica para la revista Contralínea exhibe que durante el gobierno del político michoacano la producción ocupó el cuarto lugar en 42 años y la venta petrolera generó ingresos totales de 545 mil 496 millones de dólares por la comercialización de 5 mil 891.10 millones de barriles en seis años, a un precio promedio de 92.56 dólares por barril, el más alto en esas últimas cuatro décadas.

Esos 545 mil 496 millones de pesos bien se pudieron invertir en pagar la deuda de Pemex y aún hubieran sobrado 300 mil millones de pesos al costo de ese pasivo en 2019. 

Ruiz Mojica destaca: “Y es que los números no mienten: en 1999, la deuda de la petrolera era de 12 mil 500 millones de dólares; en 2006, de 51 mil 160 millones de dólares; en 2012, de 58 mil 646 millones de dólares y en 2018, de 103 mil 761 millones de dólares”.

Sin embargo, fue precisamente en el sexenio calderonista, el de los mayores ingresos petroleros de la historia, cuando Pemex solicitó créditos por 13 mil 800 millones de dólares.

Hasta aquí este pasaje aberrante del mercado petrolero, que en ese periodo aún tiene capítulos enteros con fuertes interrogantes por responder al pueblo de México, pero que es necesario referir para alertar en lo que viene.

Hoy, las coyunturas económicas provocadas por la pandemia, han provocado una escalada en los precios del crudo a nivel internacional. Hay disminución en los inventarios petroleros en Estados Unidos, además de una fuerte escasez de carbón y gas en los países asiáticos, particularmente en el gigante chino, así como en India y Europa, lo que disparó el precio a futuro del petróleo Brent del Mar del Norte para entrega en diciembre a un precio de 85.56 dólares por barril, su nivel más alto desde 2014.

Además, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sus aliados no han logrado extraer la cantidad suficiente de petróleo para cumplir con sus objetivos de producción, lo que alimenta el déficit de suministros a medida que el mundo se recupera de la pandemia generada por el  SARS-CoV-2.

Encima, el Bank of America Merrill Lynch difundió en un estudio reciente que el petróleo podría llegar a los 100 dólares este mismo invierno si la temporada se torna muy fría, algo que otros especialistas no descartan.

“El clima se está convirtiendo rápidamente en el impulsor más importante de los mercados energéticos. Si el invierno resulta ser mucho más frío de lo normal, la demanda mundial de petróleo podría aumentar de 1 a 2 millones más de barriles por día. Bajo este escenario, el déficit del mercado petrolero este invierno podría superar fácilmente los 2 millones de barriles por día y alcanzar nuestro objetivo de 100 dólares el barril", consideran los analistas del banco de inversión estadounidense.

Y, ante este escenario, ¿qué con México?

Bueno, la mezcla mexicana de petróleo cerró el lunes de la semana pasada en 78.52 dólares el barril, su mejor precio en siete años, y además sumó siete semanas a la alza.

Si se considera que el precio estimado en la Ley de Ingresos de Ingresos de la Federación 2021 fue de 42.1 dólares, los excedentes que diversas casas de análisis calculan rondarían los 200 mil millones de pesos extras. Una noticia más que feliz para el actual Gobierno federal y, por supuesto, para los mexicanos, siempre y cuando se rindan cuentas y se transparente con precisión el destino final de esos recursos.

Para 2022, encima, el escenario de los ingresos petroleros –con riesgos puntuales como la inflación, de los que hablaremos en otra entrega– también muestra buena cara. 

El precio del barril de mezcla mexicana se estimó en 55.1 dólares para el siguiente año en el paquete de ingresos, muy por debajo de los 78.52 en los que hoy se encuentra, y que ya provocó un fuerte debate entre la oposición y el oficialismo, pues la primera acusó al Gobierno de meterle “maña” a esa estimación.

“Los futuros para los siguientes 12 meses implican una caída en el precio, no drástica, todavía van a ser precios altos que nos permiten blindar el presupuesto, pero es un precio muy volátil, aplicamos la fórmula, efectivamente el precio del petróleo al día de hoy es un poco mayor a esta fórmula”, respondió la semana pasada Gabriel Yorio González, subsecretario de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a los cuestionamientos de senadores opositores acerca de la supuesta subestimación del precio del petróleo en 2022.

El asunto acá es que habrá excedentes este 2021 y, de acuerdo con la mayoría de analistas internacionales, es muy probable que la situación se repita en 2022, a medida que el mundo se recupera de los estragos de la COVID-19. Pero, ¿cómo no repetir los abusos del pasado reciente y el despilfarro de esos preciosos recursos para un país sumido en la desigualdad como es México?

Como ciudadanos, poner ojo en la discrecionalidad con que aún se manejan algunas áreas de Pemex y la administración pública es fundamental, porque ahí es donde se genera un alto grado de opacidad y corrupción que debe combatirse a fondo si, como dice el Presidente Andrés Manuel López Obrador, es la prioridad de este sexenio.

También vigilar, en cada uno de los estados, que los jefes del Ejecutivo local den cuentas sobre los ingresos excedentes y faciliten la fiscalización de los mismos, pues su objetivo central es el desarrollo de infraestructura y la creación de bienestar para los gobernados.

Y la SHCP, además, tendrá que rendir cuentas precisas a los mexicanos del uso de esos recursos si es verdad que lo que se quiere es abatir la opacidad existente y acabar con el riesgo de hacer mal uso de los recursos públicos.

Los mexicanos, en particular los 52 millones de pobres que viven en este país, no se merecen otra ruin dilapidación como la que se dio entre 2004 y hasta 2013.


Apunte final: ¿Por qué es importante recordar, citar la historia? Porque, como bien dijo Jean Paul Sartre, “incluso el pasado puede modificarse; los historiadores no paran de demostrarlo”.-

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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