La trampa de Manuel Bartlett

Conviene tomar en cuenta que CFE, en 2020, reportó pérdidas netas superiores a los 78 mil millones de pesos, y durante los primeros meses de este año, dicha entidad ha perdido ¡más de 28 mil millones!

“Se aferran a su parecer, no por verdadero sino por suyo” San Agustín

A 21 días de que el Presidente de la República enviara al Congreso una propuesta de modificación Constitucional en materia eléctrica, el director general de la CFE compareció ante diputados, a efectos de explicar el objetivo de la misma.

La comparecencia, al más puro estilo del experimentado político, se extendió por casi cinco horas, tiempo que aprovechó para responder a una serie de preguntas y tratar de dejar muy clara la necesidad que tiene la empresa del Estado de que “el Estado mexicano recupere el control del sistema eléctrico mexicano y lo ejerza a través de la CFE

Las razones expuestas por el director general son, esencialmente, una serie de privilegios otorgados por la Reforma de 2013, mismos que han provocado, a decir del funcionario, que la iniciativa privada se haya aprovechado de la CFE, lastimando seriamente sus finanzas.

Si el director general de la empresa eléctrica del Estado acude frente al Congreso y plantea que los cambios propuestos representan la única ruta posible para su subsistencia, nadie en su sano juicio, podría tomar dicha declaración a la ligera.

En este sentido, conviene tomar en cuenta que la CFE, durante 2020, reportó pérdidas netas superiores a los 78 mil millones de pesos, y durante los primeros meses de este año, dicha entidad ha perdido ¡más de 28 mil millones!, así que… No me queda duda que, si yo fuera diputada, especialista en cualquier cosa, excepto en energía, sí me estaría preguntando seriamente lo que podría pasar, de resultar cierta la advertencia (¿amenaza?) del director general.

Vivimos en un mundo en el cual, el gobierno responsable de proporcionar a los mexicanos las mejores condiciones para vivir en bienestar, nos advierte repetidamente del enorme peligro que nos representa continuar aplicando una Reforma Energética (la de 2013), de la que, prácticamente para nadie son evidentes sus beneficios. 

De poco parece servir el insistir en que la mejor forma de que México cuente con un servicio eléctrico de calidad, libre de emisiones contaminantes y a precios justos, es permitir que la IP compita directamente con el Estado mexicano. Especialmente cuando las plantas del Estado que generan electricidad lo hacen con combustibles terriblemente contaminantes y costosos.

Ante la acusación generalizada de asalto en despoblado, la mayor parte de la ciudadanía parece tener elementos suficientes para aceptarlo como un hecho y al menos, cuestionar si no será cierto que hay una trampa, finalmente, hay que ver lo que está pasando en España, en donde el mercado eléctrico está dominado por los instintos más viles, es decir, por los frívolos intereses privados.

Lo que no se nos explica es que, por un lado, los combustibles han alcanzado precios históricos, y por otro, que la propiedad de las plantas eléctricas nada tiene que ver con los precios de la electricidad, sino que es resultado de las reglas que la regulación le impone a dichos mercados. 

Destaca también que no hemos conocido hasta el momento, ninguna evidencia concreta sobre la eventual presencia de “subsidios ocultos”, ni denuncias legales formales en este sentido, toda vez que dicha práctica constituye un delito grave.

En esta era de la “post verdad”, es indispensable tomar en cuenta una serie de elementos formales que sí ponen en riesgo la supervivencia de nuestra empresa del Estado, elementos que, por cierto, corresponden a decisiones tomadas en esta administración:

  • Los pasivos laborales se incrementaron sustancialmente, por una revisión del contrato colectivo de trabajo, llevada a cabo el año anterior.

  • Las tarifas de la CFE no reflejan sus costos. Están adecuadas para reflejar únicamente la inflación.

  • No existen coberturas contra las variaciones de los precios de los combustibles, principalmente del gas natural

  • La CFE paga la capacidad de los ductos que transportan gas, sin que pueda recuperar esos costos, toda vez que se negó la venta del gas o de la capacidad a empresas privadas que generan electricidad, es decir, no se acepta la competencia.

  • Las líneas de transmisión están saturadas, sin que haya inversiones suficientes para corregir la problemática. Sin esas líneas, aún las propias plantas de la CFE no podrían operar adecuadamente.

  • A la fecha, no se han concretado las licitaciones de las seis plantas de generación a gas natural anunciadas por la CFE como estratégicas. Por las características de las licitaciones, todo parece indicar que no habrá interesados en desarrollarlas y que terminaremos el sexenio sin plantas de generación nuevas y listas para sustituir a las viejas, caras y contaminantes.

  • La CFE no tiene planes para desarrollar plantas a energía renovable antes de 2027

Todo lo anterior apunta a que la CFE continuará incrementando sus costos y limitados sus ingresos, de forma tal que es muy difícil que consiga terminar la administración con finanzas saludables. Si esto es así, cabe preguntarnos si la astucia del director general concibió en el posible rechazo a la reforma, la mejor justificación a sus decisiones. El tiempo lo dirá. 


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