May 2 • 5M

La persona que no quiere que se encuentre a quienes desaparecieron

¿Cómo es posible que en un país con más de 90 mil desaparecidos haya 52 mil cuerpos sin identificar?

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Las voces más importantes de México.
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Sandra Romandía

Juan recibió una llamada en diciembre del año pasado: la voz del otro lado de la bocina le dijo que su hijo Luis estaba secuestrado y le exigió miles de pesos para liberarlo. La familia no dudó en cubrir el total del dinero para el rescate del joven, quien vivía en otra ciudad desde hacía años atrás.

Pero las horas pasaron y ya no volvieron a saber más. Ni de él ni de los captores. Los siguientes días solo estuvieron cubiertos por el manto del silencio, sin acordes ni accesorios. Así pasó navidad y Año Nuevo.

En abril pasado, la familia recibió información que apuntaba a que el cuerpo de Luis estaba en el Semefo de una ciudad mexicana, fronteriza con Estados Unidos. Con miedo de que se tratara de alguna extorsión, decidieron reportar el caso, hacerse las pruebas de ADN en su estado y continuar con el camino para averiguar si aquello era cierto. 

Lograron, por una vía no oficial, tener información sobre un cadáver que ciertamente se encontraba en calidad de desconocido y que tenía los mismos tatuajes de Luis. 

Así que planearon el viaje para acudir a la Fiscalía de ese estado y solicitar de manera oficial y formal el acceso para verificar si los restos que se encontraban ahí -y que ellos sabían por otra fuente que parecían coincidir con las características de su hijo- correspondían. 

Lo grave la historia viene ahora: después de que anduvieron horas para recorrer parte de México con la certeza de que probablemente acabaría la espera de saber de Luis, en la Fiscalía les dijeron que no, que no había algún cuerpo con los datos referidos y que se regresaran a su ciudad. Así sin más, como si se tratara de una ropa que fueron a recoger a la lavandería  y no estaba lista. Pero no: se trataba de una vida, la de alguien amado que fue desaparecido y que merecía ser buscado.

Gracias a su persistencia y los contactos que tenían dentro de Semefo, insistieron y antes de partir de vuelta a su estado les rectificaron: sí había un cadáver que podría corresponder con su hijo.

Tras nuevas pruebas de ADN finalmente lograron confirmar que se trataba de él, y regresaron a casa con quien años atrás fue un bebé en sus brazos, ahora convertido en restos. 

Este caso, que viví de cerca, refleja la falta de protocolos para dar certeza a las miles de personas que tienen personas no localizadas cuyos restos se despedazan por el tiempo en semefos o fosas comunes.

Esta semana, la reportera sonorense Karina Barraza publicó la investigación Desapariciones administrativas, el otro calvario de la crisis forense en Sonora auspiciada por la organización de periodismo  Border Hub El trabajo periodístico revela los vicios burocráticos en esa entidad, pero que seguramente se replican en todo México, para poder dar con nuestros seres queridos desaparecidos.

El reportaje cuenta, entre otras, la historia de la familia de José Ángel, que a pesar de hacer todos los trámites legales para dar con él, al momento de revisar el “catálogo” de la Fiscalía de osamentas no pudo saber que ahí estaba debido a que el cuerpo era descrito como de un hombre de más de 40 años, cuando el joven tenía sólo 25, y no se anexó la información de la vestimenta, algo que resulta clave en la mayoría de los casos de reconocimiento de cadáveres. Sus padres supieron que era José Ángel dos años después de que sus restos fueran encontrados, lo que se resume en dos años de angustia, de insomnio, de ansiedades, de malvivir. ¿Quién se merece eso? Evidentemente nadie.

Los casos aislados dejan de serlo cuando son repetitivos y las estadísticas son capaces de mostrar que se trata de todo un sistema: ¿cómo es posible que en un país con más de 90 mil desaparecidos haya 52 mil cuerpos sin identificar? ¿Cuáles son las conexiones que no se están haciendo para -por desfortuna- ligar quienes buscan con los restos encontrados? En México hay algo que no quiere que se encuentren a quienes desaparecen, con vida o sin ella;  es el sistema. Un sistema que no tiene ni estándares estrictos, ni protocolos claros, ni presupuesto, ni personal, ni sensibilidad alguna. Un sistema que está generando miles de noches y días dolorosos para miles de familias como las de Luis, que de haber hecho caso a las indicaciones de la Fiscalía no tendría la certeza hoy que él descansa en un lugar mejor.

Ante el caso de Debanhi, y de los que ahora mismo están anunciados como no localizados en el sitio de la Comisión Nacional de Búsqueda como Jesús, Daniela, Bryan, Evelyn, Reyes, y más, es urgente no dejar de hablar del tema ni de exigir a las autoridades que dejen de poner pretextos para, por fin, ser disruptivas y enderezar este torcido sistema que genera lágrimas y dolor.

Cambiar los pretextos por las soluciones y “desaparecer” ese sistema para poner en su lugar uno nuevo que de justicia a tantos hogares vacíos.

@sandra_romandia


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