Todos los días eran iguales hasta que llegaste tú

Cada persona tiene un tiempo, una forma de estar que lo hace ver mejor: es su luz y es nuestro tiempo.

Su luz.

La primera vez que lo vi tenía el resplandor del sol en su cara; sus cejas eran el marco de un cuadro que seguramente alguien pintó para mí, ni muy alto ni muy guapo, atractivo. Él quizá tenía un par de horas en este terreno del placer en el cual se convierten los bares cuando ves ganar al equipo de fut de tu país en un Mundial. Quiero decir que …

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Columnista.