Cuatro mitos de la Reforma al sector Eléctrico

No especificar qué pasará con las concesiones para la extracción de minerales vigentes y eliminar nuevas concesiones es cambiar las reglas del juego a la mitad de la jugada.

Desde hace una semana hemos leído y escuchado todo tipo de opiniones respecto a la reforma eléctrica: que si es una expropiación, que si es política, que busca es desarticular al bloque opositor – sin duda ha avanzado en ese rubro más que en cualquier otro --, que promueve la movilización de votos para el 2024. Lo que dice la iniciativa, a la letra, es que busca “restablecer un sistema eléctrico comprometido con el pueblo que asegure el abastecimiento confiable de energía eléctrica a los más bajos precios”. Un objetivo loable, aunque contrario a lo que realmente se lee en la iniciativa misma.

Entre todo el ruido mediático y político, detecto cuatro grandes mitos de esta iniciativa que no se sostienen. Aquí mis argumentos.

Mito 1: La reforma energética de AMLO ofrecerá energía barata para el pueblo.

Para que la energía sea barata tiene que producirse con suficiencia y a bajos costos. Si la electricidad que consumimos en los hogares o los productores intermedios tiene que subsidiarse para ser barata, entonces no lo es y el gobierno usa dinero público (dinero tuyo y mío) para pagar un pedazo del costo de nuestro consumo. No sobran recursos públicos y menos para subsidiar el consumo de energía de quienes más la utilizan, como los hogares más ricos.

Mito 2: Con la reforma, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) generará la energía que necesitamos.

Para producir suficiente energía a bajos costos, se necesita ampliar la capacidad de generación, y reducir los costos de transmisión y distribución de electricidad hasta los hogares, negocios, fábricas. La iniciativa de reforma propone que CFE, empresa del Estado, aporte 54% de la generación eléctrica, cuando actualmente produce apenas del 44% de lo que se genera y lo hace en plantas contaminantes, con tecnologías anticuadas y sin mucho mantenimiento.

Aunque la iniciativa busca invertir en hidroeléctricas – energía relativamente limpia --, esperar que la CFE genere más energía ecológica cuando por mandato constitucional es la única empresa que puede transmitir la electricidad de una región a otra y distribuirla entre los hogares, sin MUCHAS mayores inversiones, es pedirle lo imposible.

CFE es un monopolio legal en la transmisión y distribución de electricidad, pero también es un monopolio natural como cualquier dueño de una red física. Instalar la infraestructura de una red de telecomunicaciones, trenes, agua o luz es carísimo y demanda una inversión enorme, y una empresa privada difícilmente podría o quisiera invertir en colocar una red paralela si ya existe una red instalada. Entonces mejor dediquemos la inversión pública en CFE a la transmisión y a la distribución – como mandata la Constitución --, y regulemos mejor el mercado de generación de electricidad para que los consumidores obtengan beneficios.

Mito 3: La iniciativa prevé que CFE invierta en energía limpia.

Cierto que la iniciativa plantea la recuperación de las hidroeléctricas y la planta fotovoltaica de Sonora, con lo que se estarían destinando recursos públicos a la generación de energía limpia. Pero para producir suficiente electricidad en el mundo necesitamos más inversión, no menos.

El gobierno actualmente destina 2.4% del PIB cuando debiera estar invirtiendo tres veces más para reactivar la economía, ofrecer mejores servicios, comprar tecnología  y pagar salarios más altos. Aparte, la inversión privada se ha venido contrayendo desde mediados de 2018, en parte porque nadie quiere hacer negocios en un país donde no se respetan los contratos, donde igual te cancelan un aeropuerto que una cervecería, un gasoducto o un pozo petrolero. Mucho menos van a querer invertir dinero en un sector donde una empresa del Estado como CFE será juez y parte, competidor y regulador de manera simultánea, en un mercado que no tiene transparencia ni autoridades independientes que velen porque se mantengan las reglas del juego. La transición energética – el proceso de transitar de combustibles fósiles altamente contaminantes a energías limpias — demanda inversión. Ahuyentar a los inversionistas privados que podrían traer tecnología verde es la peor idea, y es lo que hace esta iniciativa.

Dejar de producir coches con combustóleo y empezar a producirlos con electricidad de origen sustentable toma tiempo y demanda que las armadoras definan cómo van a mantener su proceso productivo en el ínter. Así todas las industrias.

Mito 4: La iniciativa prevé austeridad (porque desaparecen los reguladores)

Ahora que desaparecen los árbitros del sector energético no estamos generando ahorros, sino eliminando a quienes tendrían que supervisar que a los consumidores finales les llegara la energía más barata, y que se produzca de manera eficiente y limpia. ¿Los árbitros del sector energético no funcionaban bien; la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos, (CNH) y el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) beneficiaban a las grandes empresas en detrimento del bienestar general; la CFE perdía oportunidades de negocio o algunas empresas autogeneradoras de energía hacían fraude a la ley? Entonces se debieron ajustar estándares y normas, hacer nuevos nombramientos y mejorar los mecanismos de supervisión y control; no reformar la Constitución.

Si se aprueba la iniciativa, la CFE podrá determinar quién surte primero al sistema eléctrico – si ella misma o una empresa privada más eficiente --, el precio de la energía – que será más cara si no se produce a menores costos --, las tarifas de transmisión – que deberán pagarse a la propia CFE -- y cuánto le costará a usuarios finales cada unidad de electricidad.

Cambiar la Constitución es cambiar las reglas del juego, como lo es restringir la participación privada en un mercado recientemente abierto; no especificar qué pasará con las concesiones para la extracción de minerales vigentes y eliminar nuevas concesiones es cambiar las reglas del juego a la mitad de la jugada. igual, eliminar la figura del árbitro –la CRE, la CNH, y el CENACE-- a medio partido es cambiar las reglas del juego antes de que termine, y nadie querrá jugar en ese torneo amañado y arreglado para que gane… la CFE. Y a cambio pierdan todos los consumidores, el erario, el futuro de México.

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