Apr 25 • 5M

El dolor en otra dimensión

Nadie debería sacar a una hija muerta de una cisterna.

Stephanie Lewis
Comment11
Share
 
1.0×
0:00
-5:24
Open in playerListen on);
Las voces más importantes de México.
Episode details
11 comments
Stephanie Lewis

Audiocolumna narrada por la autora

El reloj estaba a punto de cruzar la medianoche el 21 de abril; en ese momento ya sabíamos que había un cuerpo en una cisterna de ese motel en Escobedo, Nuevo León. Mi cerebro racional pensaba: quizá es otro cuerpo más; pero mi intuición me decía que se trataba de ella. No quería creerlo, no quería pensarlo, pero lo sentía… Eso me mantuvo despierta, con el corazón apachurrado y el estómago revuelto. Luis, quien es parte de nuestro equipo, también se quedó al pendiente y confirmando desde sus trincheras lo que nuestra intuición gritaba.

Avanzó el reloj, ya era 22 de abril. Llega un rumor: al parecer si es ella, la ropa coincide, pero aún no se puede confirmar, aún no sacan el cuerpo. El corazón se me quedó en la garganta y la ansiedad se me disparó, pedí que no fuera ella. Encendí una vela y rogué que no fuera ella. No porque una vida valga más que otra, al final es un cuerpo de una vida igual de valiosa… Pero es que todos abrazamos la ilusión y la fe de sus papás: está viva, lo sabemos. Todos, al igual que ellos, nos aferramos a esa posibilidad.

En plena madrugada puse un tuit desde la cuenta de Opinión 51, era una noche triste, de mucha desesperanza, de fe y de dolor. Rápidamente se hizo un poco viral y me di cuenta que no éramos los únicos despiertos (además de otros medios), muchas personas estaban al pendiente de lo que estaba ocurriendo, siguiendo las noticias, en espera de algo bueno.

Una hora más tarde, esa fe e ilusión se esfumaron, curiosamente llovía intensamente esa madrugada en la Ciudad de México, el ambiente iba ad hoc para la forma en que se sentía el alma. Es ella, está confirmado.

Vuelve la dualidad: como cualquier medio, preparar toda la información para salir e informar un feminicidio más. Por el otro lado, el alma deshaciéndose y preguntarse, ¿por qué así, por qué ella y por qué en una cisterna? ¿Qué persona debe de estar tan enferma como para aventar a un ser humano a una cisterna y dejarle ahí, como si nada pasara, como si fuera polvo debajo de la alfombra? ¿Qué nos está pasando?

Perder a un hijo ni siquiera tiene un nombre… Pierdes a una pareja, eres viudo. A tus padres, eres huérfano. ¿Pero a un hijo? Te mata en vida perder a quien viste nacer. Puedo comprender el estado de shock con el que se veía su papá al momento en el que la prensa lo cuestionaba, él no estaba en él.

Llevo dos días tratando de dimensionar la magnitud de una imagen: peritos sacando a Debanhi de una cisterna, y no puedo. Yo saqué de una morgue a quien por rol de vida fuera mi hija; cuando vi su cuerpo sobre la plancha fría, en una bolsa negra con cierre, pálida, el dolor y la muerte me escalaron en todas sus dimensiones y ni el grito de desesperación más intenso hizo que volviera a mi centro; me costó meses de terapia procesar esa imagen, porque no solo se lidia con la muerte, sino con las formas y los fondos.

Entonces durante estos días, sobre todo los últimos dos, he tenido mucho en mente a sus papás, por lo que han tenido que lidiar como padres; es inhumano, rebasa cualquier límite: perder un hijo es perderlo todo y perderlo así, hace que todo pierda sentido.

En el fondo agradezco que haya aparecido, como quiera tener a dónde ir a llorar, es algo que va aliviando el alma con el paso del tiempo. Entonces pienso en las familias que tienen hijos desaparecidos y con altas probabilidades de que estén muertos. ¿En dónde lloran? Y mi alma se hace bolita por completo. 

Nadie debería perder un hijo, nadie debería enterrar a un hijo. Nadie debería sacar a un hijx muertx de una cisterna. Quizá se lea soberbio de mi parte, porque la vida es vida y así es, todos nos vamos, pero las formas y los fondos importan mucho para poder seguir respirando y para que en algún momento podamos confiar en los tiempos perfectos de la vida, por muy cabrones que estos sean.

Mi absoluto respeto y empatía a Dolores y Mario, padres de Debanhi, porque el túnel de oscuridad será denso, el duelo doloroso y solitario, lleno de silencios ensordecedores y una infinidad de hubieras no resueltos. Un vacío profundo que con absolutamente nada se llena, más que de uno mismo, pero al tiempo se va descubriendo.

Deseo que Debanhi sea tan mágica que conecte con sus papás desde la intuición y los guíe en este proceso.

Ella está bien, está en un lugar mucho mejor que en el que estamos.

Descansa en paz, Debanhi… Vuela muy alto.

@laleguis


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


Más de 150 opiniones a través de 100 columnistas te esperan por menos de un libro al mes. Suscríbete y sé parte de Opinión 51.