La pareja y sus contradicciones (Escenas de un matrimonio)

¿Cómo lograr que el matrimonio sea interesante a pesar de ser un bien abundante y disponible?

El amor de pareja se convirtió en la religión de los ateos, quienes depositaron en él todas sus esperanzas de alejar la soledad. 

La adaptación de Escenas de un matrimonio, de Hagai Levi, 2021 (la historia original la filmó Bergman en 1973) muestra a una pareja de hoy en la que ella es la proveedora principal, él, un profesor de filosofía y cuidador primario de la hija de ambos, Ava.

Jonathan y Mira son una pareja exitosa por el simple hecho de llevar 10 años de relación, que excede el promedio de años de casados de la pareja norteamericana. Ella trabaja en tecnología, viaja frecuentemente, tiene una agenda inflexible, paga los gastos fuertes de la casa e intenta compensar su ausencia con Ava los fines de semana. Jonathan se declara orgulloso de tener como compañera a una mujer poderosa. 

Resulta triste, por lo menos, escuchar el relato de cómo comenzó la relación amorosa entre un judío ortodoxo virgen y una mujer bella, libre, experimentada, que venía de relaciones violentas y que encontró en este hombre un lugar seguro. Una zona segura para ella. Una primera vez para él, que no había tenido sexo con ninguna mujer, que se había alejado de sus raíces ortodoxas y que convierte a la familia en su nueva religión.

Una relación conveniente, un medio para alcanzar fines más elevados, un equipo que colabora. Así define Jonathan su relación con Mira, que parece asfixiada por este discurso. 

Mira, que venía de emociones intensas en sus relaciones previas, que hoy deben juzgarse como tóxicas, se enamora de un hombre más joven y decide dejar a Jonathan, segura de que él cuidará bien de Ava. La confesión de la verdad sobre su infidelidad no mueve la postura rígida de Jonathan como el que todo lo comprende y todo lo perdona. La crueldad de la verdad tarda en golpearlo. A Jonathan le tomará un tiempo abandonar su masoquismo moral.

Hemos visto cientos de veces la siguiente historia: el hombre proveedor, poderoso gracias al dinero y a un trabajo prestigioso, abandona a su esposa porque está aburrido y busca una relación con alguien más joven, que le devuelva el sentimiento de estar realmente vivo. Ver la historia al revés puede revelar la misoginia internalizada que se resiste a creer que una esposa y madre pueda irse un día, sin pensar en nada más que en perseguir una pasión. 

Escenas de un matrimonio plantea muchas preguntas incómodas que nunca resuelve. No hay una conclusión ni una verdad. Incomoda que pregunte qué es lo que une a la pareja: ¿Los hijos, el patrimonio, la ayuda mutua? ¿Es mejor la monogamia? ¿Abrir la relación será el aire que la pareja necesita para seguirse deseando? ¿Sería mejor mentir y mantener las apariencias de una pareja intachable o decir la verdad y lastimar al compañero? ¿Está mal que la comodidad sea una de las razones para quedarse en una relación larga? ¿Se confunde el buen sexo con amor? ¿Se termina alguna vez una relación en la que hubo hijos? ¿Se cierran ciclos o se quedan medio abiertos para después abrir otros nuevos, otras historias?

Mira y Jonathan se reencuentran después de separarse. Vuelven a desearse y tienen sexo como nunca lo tuvieron cuando estaban casados. El guión parece sugerir que el modelo conyugal es un problema para el deseo, pero también muestra a otra pareja, que tiene una relación abierta, vivir un infierno diferente, cuando ella se enamora de otro hombre que la deja porque está cansado de vivir una doble vida. Esa doble vida es la única que ella es capaz de vivir para seguir casada. 

La lógica del poder se revela en todos los personajes. Quién es el amado y quién el que ama. Quién domina a quién. La idea de la igualdad aparece como una fantasía en esta historia. Jonathan, después de un largo viaje personal, se pregunta si realmente ha amado y ha sido amado por alguien. Vuelve a sus orígenes judíos en la construcción de una nueva pareja, con la que ha dejado de tener sexo desde que nació un nuevo bebé. Mira parece reconciliada con su maternidad, menos obsesionada con el trabajo y menos necesitada de tener pareja a cualquier costo. 

Hay algo extraño en todas las personas. Algo incomprensible e impredecible. La monogamia hace a un lado esta esencia enigmática al sancionar la vida sexual. Quizá las parejas tendrían que asumir que la infidelidad puede ocurrir en vez de cuidar con tanto celo y control la práctica de la monogamia.

Dice Adam Phillips que los monógamos y los promiscuos son igual de idealistas: ambos esperan ser felices y encontrar placer inagotable. 

Adoptar una postura cínica frente a la pareja y afirmar que siempre es una desilusión no es un argumento. Es el camino fácil para evitarse todos los dilemas que atraviesan una relación, por ejemplo: ¿cómo lograr que el matrimonio sea interesante a pesar de ser un bien abundante y disponible?

También, agrega Phillips, entender a la pareja monógama de largo plazo como el camino para envejecer juntos es poco deseable. Casi nadie se plantea quedarse juntos para seguir siendo jóvenes por dentro.

La duración de una relación monógama difícilmente la vuelve valiosa. A veces la monogamia es una compulsión, el cumplimiento de un mandato, el único camino para evitar la culpa. Los años que compartió una pareja no le dan su valor, sino el modo de vivirlos. 

Eso que mantiene juntas a las parejas es muy variable. Hablar de los pilares de la relación amorosa es un intento de reglamentar el amor, que puede sobrevivir con y sin deseo sexual, que quizá se mantiene por un compromiso culposo o por la convicción de permanecer junto a alguien con quien la vida es más interesante, o disfrutable o menos dura. No hay respuestas. No hay pilares del amor. No hay teoría que valga. No hay garantías.  

“En su mejor cara, la monogamia puede ser el deseo de encontrar a alguien junto a quien morir; en la peor, es una cura para el terror de estar vivo. Estos dos lados se confunden con facilidad”. (Monogamy, Adam Phillips, 1996).


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