Orwell y el juego del calamar (y no hablo de la 4T)

Libre Acceso | Los grandes pensadores del poder han encontrado siempre en la ficción la forma más inteligente de poner las preguntas importantes en la mesa.

No es asunto de iniciados encontrar claves de cualquier ejercicio de poder (hoy en día) en las dos obras maestras de George Orwell. “Rebelión en la granja'' es casi el más puro tratado literario de las dinámicas propias del poder, de su legajo de personajes, de sus resortes y vicisitudes, de sus perversidades y sí, también de sus eventuales luces. Por su parte, “1984” se ha convertido en una profecía que se ha autocumplido en todo el mundo (por aquello de la asfixiante y amenazante presencia de las fuerzas del orden, la vigilancia extrema sobre cada uno de nosotros producto de la tecnología a la que hoy tenemos acceso, a los dispositivos móviles, a las cámaras de seguridad, etc).

Pero además, ahora a través del cumplimiento de la profecía de la emergencia de un lenguaje completamente contraintuitivo para manipular la realidad a través de su descripción paradójica y contradictoria ("La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza") que hoy vemos como nunca reflejada no sólo a través de la explosión global de las famosas "fake news" (o "los otros datos"), si no como el eje medular de tantos discursos, slogans y recursos comunicacionales del principio de "autoverdad" de tantos gobernantes del orbe. No es una pesadilla: el mundo, hoy, es un homenaje a George Orwell (unos países más que otros), a su inteligencia y capacidad predictiva.

Pero el verdadero momento de terror me está ocurriendo al pensar que pueda ser Hwang Dong-hyuk el nuevo profeta (incluso sin proponérselo) del poder en nuestros tiempos. El creador de "El juego del Calamar" (Netflix) ha logrado una serie que no sólo es un gran entretenimiento en la lógica del audiovisual en nuestros tiempos. Yo encuentro una gran y alucinante metáfora sobre el poder, la ideología, la perversidad y la condición humana desplegada a lo largo de sus nueve capítulos que bien podría hoy servir para hacer un mapa táctico de muchos de los gobiernos del mundo (unos más que otros). Y cómo mi intención no es "spoilear" una serie que recién salió (y que ya es todo un fenómeno) sólo dejaré por aquí algunas de las preguntas y reflexiones que a mí me generó verla en su totalidad, el legajo de "juegos" que le dan cuerpo a la narrativa:

¿No estamos en tiempos en los que el poder se ejerce como un acto de construcción del bien común sino como un mero anzuelo de amenaza y de sobrevivencia incluso cuando el basamento del "experimento" es un discurso comunitario en el que los más desposeídos tengan idéntico acceso a las mismas oportunidades?

¿No estamos en tiempos en los que el poder se ejerce pensando en la mejor forma de fomentar una aterrada obediencia a las reglas delirantemente reinventadas de los juegos que existen desde siempre?

¿No estamos en tiempos en los que el poder encuentra la mejor y más perversa forma de ponernos a todos y todas a competir y traicionar (de ser necesario) incluso a quienes más queremos?

¿No estamos en tiempos en los que la democracia sirve incluso para anularse a sí misma?

¿No están los seres humanos dispuestos a todo (literalmente a todo) para conseguir ascender (sea en el escalafón económico o en el ánimo del poderoso)?

¿No es siempre el poder una metáfora de todas las máscaras al servicio de una máscara más ostentosa que a su vez sirve a otra más sofisticada?

¿No es el último eslabón del poder una máscara que se autocelebra convencida de que está haciendo lo correcto por quienes más lo necesitan, aunque ello implique las más perversas e impronunciables vueltas de tuerca?

Así pues: entre George Orwell y “El juego del Calamar”, yo sólo veo que los grandes pensadores del poder han encontrado siempre en la ficción la forma más inteligente de poner las preguntas importantes en la mesa a través de la hoja o la pantalla para que reflexionemos lo que el poder hace con nosotros. Y acaso sea la misma disputa intelectual que ya tuvieron Hobbes y Rousseau hace cientos de años. O Diógenes y Platón hace miles. Pero en el año 2021 parece que la especie humana le da en mayor medida la razón a quienes han pecado de pesimistas y suspicaces en lo que a la naturaleza humana se refiere. Y más, sobre la naturaleza de los seres humanos con poder.

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