Por Pamela Cerdeira
La presidenta está entre la espada y la pared: por un lado, la lealtad ideológica al régimen cubano y, por otro, la presión de Donald Trump.
Durante el último mes y medio hemos escuchado un ir y venir de declaraciones, desde lo "buenas personas" que somos y cómo, por razones humanitarias, hacemos envíos millonarios de petróleo al régimen, hasta cómo esa decisión era una declaración de soberanía. Al pasar de los días, para el 28 de enero, las respuestas de la presidenta fueron perdiendo claridad; pasó de defender el envío de petróleo a explicar que había dos tipos de envíos: los que hacía Pemex a través de contratos (por el momento cancelados) y, por otro lado, los envíos humanitarios que dependían de la solicitud de la isla. Sin embargo, nunca respondió con un "sí" o un "no" a la pregunta clara de si seguiría mandando petróleo.
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