Por Pamela Cerdeira

Mientras Martha Ortiz tenía una reacción orgásmica la primera vez que probaba Miguelito, yo dejaba la bolsita a medias con cara de arrepentimiento. No recuerdo la primera vez que lo probé, pero sí que era demasiado pequeña cuando escuché “eso tiene azúcar, también engorda”. Si había dos fiestas infantiles en la misma semana, no comía pastel en la segunda. 

A los 12 años estudié un año en el extranjero, y la experiencia me dejó un inglés impecable y doce kilos de más. “Parece un chícharo”, dijeron mis hermanos cuando me vieron correr ¿rodar? a saludarlos enfundada en mi uniforme verde. 

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