Por Paola Vázquez, coordinadora de Sociedad del IMCO
Hace un mes me mudé sola. Soy la primera mujer de mi familia en vivir completamente sola. No fue un acto de valentía ni un sueño cumplido. Fue una decisión necesaria y, también, un poco aterradora. Con el tiempo entendí que lo que estaba buscando tenía un nombre menos romántico: autonomía.
La autonomía suele pensarse como una meta individual, como el resultado del esfuerzo personal o de tomar buenas decisiones. Pero en realidad depende de algo más profundo. Depende del acceso a educación, de la seguridad para desplazarte por tu ciudad, de las oportunidades laborales disponibles, de la existencia de servicios de cuidado, del transporte público y, sobre todo, de la posibilidad de generar ingresos propios y suficientes para no depender económicamente de alguien más.
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