Por Paz Austin

Hace unas semanas, mi brújula profesional me llevó de vuelta a la Borgoña. Pero lo que empezó como un seminario de la Organización Internacional del Vino terminó convirtiéndose en una de las experiencias más místicas de mi vida. Borgoña no es solo una región vinícola; es el santuario del terroir, donde cada parcela cuenta una historia de viñas históricas. Y esta vez, me tocó ser parte de esa historia.

En este programa de ya casi tres años he forjado una amistad entrañable con la nueva generación de vignerons: jóvenes como Paul Carillon de Domaine Francois Carillon y Anaïs Vincent de Domaine Jean-Marc Vincent. Verlos caminar entre las cepas es ver no solo a los nuevos guardianes de parcelas históricas, sino a herederos de la técnica y maestría para producir los mejores vinos de Francia. Observarlos me maravilla y me llena de orgullo, no pasan los 30 años y la sabiduría vinícola y la pasión les brota por la piel.

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