Por Rita Alicia Rodríguez.
Que una humille a otra desde una actitud “bien perrita” refleja un tono atemporal que hoy funciona como moneda social.
Con el paso del tiempo, se vuelve claro que algunas amistades entre mujeres se disuelven por fuerzas externas que influyen no solo en cómo nos percibimos y nos valoramos, sino que también reflejan nuestras propias creencias, los cambios, las decisiones y las reconstrucciones que experimentamos… para bien o para mal.
Desde niñas, muchas podemos recordar más de una anécdota en la que una amistad se rompió no por una diferencia real entre nosotras, sino por la intervención de terceros. Madres ajenas y familiares que comparaban. Docentes que señalaban. Compañeros que convertían cualquier talento en motivo de competencia. Yo puedo contar varias historias donde amistades genuinas de la infancia se vieron afectadas porque alguien decidió que destacar debía implicar rivalizar.
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