Por Rocío Correa*
Hoy cargo con dos historias que no son mías, pero que me queman como si lo fueran. Dos geografías distintas, Italia y México, unidas por el mismo hilo invisible y aterrador: la decisión de quedarse donde el alma es pisoteada.
Cuando escucho frases que deshumanizan o presencio traiciones que parecen guiones de una tragedia oscura, mi primera reacción es la resistencia. Me resisto a aceptar que la dignidad tenga un punto de quiebre tan bajo. Sin embargo, tras la indignación, surge la pregunta necesaria: ¿qué ocurre en la psique de una mujer para que el horror se vuelva tolerable?
El mapa del dolor: Italia y México
Mi asombro no es gratuito, pero los datos lo vuelven aún más desolador. Lo que viven mis amigas no son casos aislados; son puntos en una gráfica que no deja de subir.
- En México, la realidad es aplastante: según datos del INEGI (ENDIREH), más del 70% de las mujeres ha experimentado alguna forma de violencia a lo largo de su vida. La más común no es el golpe, sino la violencia psicológica (51.6%), esa que no deja marcas en la piel pero deshace la identidad. En 2024 y 2025, las cifras de violencia familiar han alcanzado picos históricos, recordándonos que el hogar es, para muchas, el lugar más peligroso del mundo.
- En Italia, la situación no es menos alarmante. A pesar de la imagen de modernidad, el país registra un feminicidio aproximadamente cada tres días. Datos recientes de 2025 muestran que los asesinatos de mujeres a manos de parejas o ex-parejas han aumentado, y la violencia psicológica es reportada por casi la mitad de las mujeres que acuden a centros de ayuda.
Estamos ante una arquitectura del miedo que trasciende fronteras y culturas.
La Trampa de la Esperanza Traumática
Desde la psicología, entiendo que no es falta de valor, sino una parálisis química. Existe algo llamado vínculo traumático: una adicción al ciclo de abuso y perdón. Cuando una pareja alterna la crueldad con momentos de normalidad, el cerebro se aferra a la "cara buena" del otro para sobrevivir al desierto de la humillación.
Mi amiga italiana, llamada "mierda" por quien debería ser su refugio, y mi amiga mexicana, enfrentada a la evidencia más cruda el día de su cumpleaños, están atrapadas en una disonancia cognitiva. Sus mentes intentan reconciliar a la persona que aman con el "monstruo" que tienen enfrente. Para no romperse por dentro, prefieren negar la realidad externa.
El Espejo Roto: Mi papel como testigo
Verlas quedarse genera una impotencia que roza la desesperación. Pero he comprendido que el juicio es solo otra forma de violencia que las aislaría más. He llegado a estas conclusiones tras intensas reflexiones:
- Ser el "Objeto Seguro": Si el mundo en sus casas es caótico, mi papel es ser el único lugar donde no hay juicios. Ser el espacio donde la verdad no castiga.
- Sembrar la duda, no la orden: En lugar de decir "vete de ahí", preguntar: ¿Cómo te hace sentir eso? ¿Crees que la mujer que yo veo en ti merece esas palabras?
- El Duelo de la Salvadora: He tenido que aceptar que no soy su rescatista. Solo soy la guardiana de una puerta que ellas deben decidir cruzar. Estar cerca significa esperar al otro lado, con los brazos abiertos, sin decir jamás "te lo dije".
La Resistencia como Acto de Amor
Mi perplejidad sigue ahí. Según las estadísticas, miles de mujeres en Roma y en la Ciudad de México están ahora mismo decidiendo perdonar lo imperdonable. Mi resistencia es mi brújula; me dice que lo que ellas viven no está bien. Mi reto es transformar esa rabia en una paciencia infinita, en una luz que no encandile, pero que les permita ver el camino cuando finalmente decidan caminarlo.
*Rocío Correa, licenciada en Periodismo por la escuela de Periodismo “Carlos Septién García” “Lo indecible no debe quedar en el silencio”
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

Comments ()