Por Rosa Covarrubias

Si alguien hubiese dicho hace tres semanas que México terminaría invicto la fase de grupos de este Mundial, sinceramente, habría sido una broma bastante buena y la mayoría —si no es que toda la gente, me incluyo— habríamos dicho que eso era una verdadera locura.

Y no, no es falta de confianza: es una constante, una historia que se repetía cada cuatro años, así tuviéramos una selección como la del 94, 98, 2006 o 2014. Pasar la fase de grupos debería ser un mero trámite, pero siempre existía algo, esa piedrita en el camino que nos dejaba dudas, aunque el equipo se instalara en los octavos de final. Ya ni hablar de Qatar, porque ahí sí, ni los coreanos como en 2018 ni los franceses peleados como en 2010 nos pudieron salvar de una eliminación temprana en el torneo.

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