Por Rosenda Ruiz
Ya viene San Valentín y comienzan a aparecer corazones y cupidos por doquier. Los canales se inundan de contenido romántico. Ayer por la noche vimos —porque sigo siendo parte del porcentaje de parejas monógamas, baby boomers que nos casamos por amor— Soulmates, la serie de Netflix cuya premisa es que existe “tu pareja perfecta” y que, con base en un estudio, puedes saber quién es tu media naranja. ¿Lo harías aunque estuvieras casad@? O Bridgerton, que llega para enamorar a todos. Mientras tanto, en el mundo real, las apps conectan a millones de personas, casamenteras profesionales prometen hacer el match perfecto y las fiestas de solteros son un boom global. En medio de todo esto, campañas millonarias perfectamente targeteadas al buyer persona ideal.
El amor no ha dejado de ser aquello que conmueve y transforma, pero ha cambiado la forma en que se busca, se vive y se entiende. Hoy conviven fuerzas biológicas, expectativas culturales y tecnologías que reconfiguran los vínculos. Para quien quiere entender por qué amamos distinto, aquí están algunas claves.
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