Por Sandra Romandía
No hablo de una acumulación de episodios ni una larga historia de desencuentros con la burocracia. Con un solo caso basta: una solicitud de información bien hecha, cuidadosamente delimitada, jurídicamente sólida, de esas que uno presenta con la tranquilidad profesional de haber agotado todas las precauciones técnicas. Pero ¿qué pasa? La respuesta llega en tiempo, cumple con cada requisito formal y, sin embargo, no responde nada relevante.
No se trata de una negativa explícita. Tampoco un silencio administrativo. Es algo más elaborado: páginas y páginas de información tangencial, documentos que rodean el tema sin tocarlo, datos suficientes para justificar el trámite, insuficientes para informar. Legalmente correcta. Periodísticamente inútil.
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