Por Sandra Romandía
Hace un año, México miró uno de los espejos más oscuros de su historia reciente. Montones de zapatos. Ropa abandonada. Restos humanos.
El Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, reveló algo que durante años se había negado o minimizado: un sistema de reclutamiento forzado, adiestramiento criminal y muerte operado por el Cártel Jalisco Nueva Generación.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...