Por Sandra Romandía
Desde Palacio Nacional les pareció inverosímil el mensaje. Rubén Rocha Moya había buscado, a través de sus enlaces, hacerle saber a la presidenta Claudia Sheinbaum que regresaría a la gubernatura de Sinaloa después de 112 días de licencia. La Presidenta no habló con él y, según me confirman fuentes con conocimiento de aquellas conversaciones, desde su equipo se le hizo saber que su retorno no parecía prudente. Rocha, sin embargo, estaba decidido.
No podía tratarse tampoco de una aparición clandestina. Durante los meses que permaneció separado del cargo, Rocha Moya estuvo bajo vigilancia y protección de elementos federales y estatales, según me explican fuentes cercanas al caso. Es decir, el Gobierno federal sabía perfectamente dónde estaba, cuáles eran sus movimientos y, por supuesto, pudo saber que se dirigía nuevamente hacia Palacio de Gobierno. El viernes 21 de agosto notificó al Congreso de Sinaloa que terminaba su licencia, regresó a la sede del Ejecutivo acompañado por su círculo de seguridad y anunció al país que estaba de vuelta.
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