Por Sandra Romandía
En México hemos aprendido a desconfiar de las elecciones cuando los resultados parecen decididos de antemano, pero poco nos hemos detenido a observar lo que ocurre detrás de las instituciones encargadas de organizar nuestros comicios, donde también hay competencias, ganadores y perdedores, aunque en algunas de ellas los participantes pertenezcan a una misma red empresarial y el dinero público termine, inevitablemente, en los mismos bolsillos.
La nota que publicamos este martes en EMEEQUIS, firmada por Alejandro Alatriste, documenta cómo los hermanos José Alfredo y Raymundo Francisco Hernández Casillas extendieron durante años una red de empresas por distintos organismos electorales estatales, participando en licitaciones donde aparentemente competían unas contra otras, aunque compartían representantes legales, administradores y vínculos empresariales; un esquema que aparece en procedimientos de contratación en Sonora, Coahuila, Ciudad de México, Jalisco y Zacatecas, además del propio Instituto Nacional Electoral.