Por Sharon Vanessa Juan Cabrera*
audio-thumbnail
Audiocolumna
0:00
/193.32

Históricamente las personas con discapacidad han estado ausentes de los espacios donde se toman las decisiones que afectan su vida cotidiana. No por falta de capacidad, ni de interés, sino por una estructura política y social que les ha cerrado la puerta. En México, la exclusión no siempre es explícita, pero sí persistente. Lo vemos en la falta de accesibilidad, en la invisibilización y sobre todo, en la ausencia de representación real en los cargos públicos. Basta hacer un recuento de las ocasiones en una persona con discapacidad ha sido nombrada para encabezar una dirección pública que, en teoría, existe para garantizar sus derechos.

Hoy, Jalisco abre una grieta en ese muro a través de una iniciativa ciudadana: un mecanismo legal en la que personas como tú y yo podamos proponer cambios a las leyes juntando firmas. En este caso se busca que las personas con discapacidad tengan garantizado el acceso a cargos públicos en el estado y se busca porque hablar de personas con discapacidad no es hablar de una agenda secundaria, es hablar de millones de personas que han sido y son excluidas de la vida pública. 

Desde mi experiencia personal en el trabajo territorial en pueblos y comunidades y mi labor en Constituyentes, la discapacidad suele ser un tema que se nombra poco y se atiende aún menos. En muchos territorios, las personas “discas” -como se suelen nombrar a sí mismas- quedan al cuidado casi siempre de familiares, principalmente de las madres; a la vez quedan fuera de la escuela, del trabajo, del transporte, de la vida comunitaria y, por supuesto, de la política. No porque no quieran participar, sino porque el sistema nunca fue pensado para ellas. En los pueblos, muchas veces se asume que una persona con discapacidad “no puede hacer su vida”, se duda de que pueda trabajar, formar una familia o tomar decisiones propias. Esa mirada limita y encierra.

Por eso lo que ocurre en Jalisco no es solo un avance local, es una señal para todo el país.

Garantizar la participación política de las personas con discapacidad no es un favor es reconocer algo sencillo: nadie conoce mejor las barreras, las violencias cotidianas y las necesidades urgentes que quienes las viven en carne propia.

La campaña impulsada en Jalisco pone esto frente a los ojos: la inclusión no puede quedarse solo en el discurso, tiene que traducirse en acciones y en una voluntad política real, porque mientras sigamos hablando SOBRE las personas con discapacidad, pero no CON ellas, la democracia seguirá siendo limitada y excluyente.

Este paso abre una conversación necesaria ¿qué otras voces siguen fuera?, ¿qué otros cuerpos siguen sin lugar en los espacios de poder? ¿Qué estamos dispuestas a cambiar para que la representación real deje de ser una promesa y se vuelva una realidad? 

El panorama es claro: sin la participación de las personas con  discapacidad, no hay democracia posible, impulsar este cambio en Jalisco es parte de nuestro trabajo político por abrir los espacios de poder, disputar las leyes y hacer que la inclusión deje de ser discurso y se vuelva realidad. También es una invitación a mirar nuestros territorios, comunidades y pueblos y a preguntarnos quiénes siguen quedando fuera cuando se decide el rumbo de lo público.Si eres una persona que vive en Jalisco puedes hacer posible este esfuerzo: firma en este vínculo: https://firmale.iepcjalisco.mx/mecanismo/reforma-para-estable-rmjewrcq9r

 *Sharon Vanessa Juan Cabrera es activista del Istmo de Tehuantepec e integrante del equipo de Constituyentes, desde donde acompaña a más de 120 liderazgos y activismos de todo el país articulando trabajo territorial e incidencia política.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.