Por Shelly Moses Laska
Él miraba por la ventana de su oficina todas las mañanas, porque del otro lado de la calle estaba ella, con falda entubada y siempre ocupada al teléfono. Ella era secretaria; él, vendedor de zapatos.
Ella contestó una llamada, como todos los días lo hacía, pero en esta ocasión no era trabajo: era él, y quería invitarla a salir.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...