Por Sofía Guadarrama Collado

Lee la cuarta parte aquí.

Maduro heredó un país con los medios de comunicación decapitados, el Tribunal Supremo a modo, el Consejo Nacional Electoral bajo control del gobierno y una economía colapsada por las expropiaciones y el control de precios que obligaba a las empresas a vender alimentos a precios insostenibles. La hiperinflación explotó en 2017, cuando el índice mensual rompió la barrera del 50 %. En 2018, fue estimada en más de 1,000,000 % y se estiró hasta 2021, convirtiéndose en una de las más profundas de la historia moderna. La gente llegaba a las tiendas cargada de gruesos fajos de billetes con más de seis ceros —como película de gánsteres—, pero que en la suma total no valían ni un dólar. 

Los precios cambiaban a diario o incluso por horas; los sueldos se volvían sal y agua, y los ahorros se evaporaron. El dólar se impuso de facto, reapareció el trueque, las remesas se volvieron vitales y la economía informal pasó a ser norma. El mercado negro ya no vendía joyas robadas sino kilos de harina y arroz.

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