Por Sofía Guadarrama Collado
El criminal que habita la Casa Blanca violó las leyes del derecho internacional, las de su propio país al pasar por encima del Congreso para ordenar la invasión a Venezuela el pasado 3 de enero, y violó la soberanía de Venezuela al apropiarse del gobierno venezolano sin la aprobación de su población. Esto, por donde se le vea, es el secuestro de un país y de todos sus recursos naturales y comerciales. A Donald Trump no le importa la democracia ni la libertad ni la prosperidad de los venezolanos. Esas palabras son para él meros accesorios de campaña. Lo único que lo seduce es el petróleo y las tierras raras, como trofeos de cacería en un safari imperial.
La soberanía de Venezuela quedó reducida a botín y el mundo entero fue testigo de cómo un país se convirtió en mercancía. La historia, siempre implacable, sabrá registrar este episodio no como hazaña, sino como el grotesco espectáculo de un poder que confunde la codicia con la grandeza.
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