Por Sofía Guadarrama Collado
En 1991 ingresé a la escuela preparatoria W.B. Ray High School, en Corpus Christi, Texas. Como cada año, el horario escolar exigía elegir dos materias electivas. En años anteriores había tomado guitarra, coro, educación física y arte: territorios modestos donde el tiempo escolar se dejaba habitar sin mayor estridencia.
Antes de que cada alumno marcara sus opciones en el formulario de inscripción, la escuela organizó una conferencia a la cual llegaron varios comandantes del ejército de los Estados Unidos, quienes se presentaron con la naturalidad de civiles buena onda. Aquella reunión tenía un propósito preciso: invitarnos a incorporarnos al programa Naval Junior Reserve Officers Training Corps (NJROTC).
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...