Por Sofía Pérez Gasque Muslera

El año que acaba de cerrar trajo consigo cifras económicas que, a simple vista, invitan al optimismo. El Producto Interno Bruto (PIB) de México creció 3.2 % durante 2025, según estimaciones del Banco Mundial. La inversión extranjera directa alcanzó un récord de más de 38 mil millones de dólares, impulsada por el nearshoring, la relocalización de cadenas de suministro y la percepción de estabilidad macroeconómica. Incluso el peso mexicano mostró una apreciación notable frente al dólar, ganándose titulares como “el superpeso”.

A pesar de estos logros macroeconómicos, hay una pregunta que deberíamos hacernos con mayor seriedad:

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