Por Sonia Serrano Íñiguez
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Abres la llave de la regadera. Todavía no empieza a salir agua caliente, pero el apestoso olor a caño ya inundó el cuarto de baño. Entonces llega la duda: ¿me baño? El dilema podría parecer una broma, pero es real. En la última semana la Zona Metropolitana de Guadalajara, conformada por la capital tapatía, Zapopan, San Pedro Tlaquepaque y Tonalá, enfrenta su peor crisis por agua contaminada en los hogares.

El agua no es potable, eso ya se sabía incluso antes de la crisis. La diferencia ahora es que los habitantes de la Zona Metropolitana han recurrido al uso de agua de garrafón para algunas actividades básicas como lavarse los dientes, lavar alimentos y trastes, bañar a los niños e incluso en algunos casos a los adultos.

Los análisis que en los últimos meses se han hecho del agua contaminada que entrega el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa), tanto por las mismas autoridades como por asociaciones civiles, arroja la presencia de metales pesados, sedimentos y hasta heces fecales.

El pasado fin de semana las redes sociales colapsaron por las quejas. La razón fue que, más que en todos los días previos, el agua olía a caño. A los usuarios les quedó claro: lo que reciben en sus casas son aguas residuales.

Así que el lunes por la tarde en diferentes puntos de la ciudad se llevaron a cabo protestas y cierres de avenidas, así como el bloqueo de una de las líneas de tren ligero. 

Al día siguiente finalmente las autoridades decidieron tomar medidas y se convocó a una reunión urgente en Casa Jalisco, en la que participaron el gobernador Pablo Lemus Navarro y los funcionarios relacionados con el agua, así como los presidentes municipales. 

La decisión que tomaron fue suspender el abasto por el sistema antiguo que trae agua del lago de Chapala y que corre a cielo abierto, lo que implica prescindir de 2.5 metros cúbicos por segundo para la ciudad. Como consecuencia, habrá cortes de agua o lo que se conoce como “tandeos”.

El problema con el sistema antiguo es que recibe descargas residuales de fraccionamientos de Tlajomulco de Zúñiga y, posiblemente, de Tlaquepaque. También hay descargas de industrias, porque la cantidad de metales pesados sólo se explica si provienen de este sector.

El agua que llega del viejo sistema se lleva a la planta potabilizadora número uno, a donde también llega el agua del acueducto Chapala-Guadalajara. Ahí se mezclan y actualmente entregan a la ciudad 5.5 metros cúbicos por segundo. Esto es 60 por ciento del agua que obtiene la ciudad.

A largo plazo, la intención es que Guadalajara tenga un nuevo acueducto que, junto con el actual, permita extraer del lago los 7.5 metros cúbicos por segundo que respalda la concesión de la ciudad, junto con la ampliación de la planta potabilizadora para que pueda trabajar con ese volumen. Esto permitirá prescindir definitivamente del sistema antiguo.

Estas obras son a muy largo plazo. Así que mientras se limpian las redes, llegan los tandeos y se ejecutan las obras, los tapatíos seguirán con el dilema de bañarse o no bañarse.

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@sonia_ssi

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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